LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Final Fantasy

25/09/2020

Cuando una empresa como Epic Games decide enfrentarse a Apple y a Google a la vez, nos demuestra que la vida empresarial no es tan monótona como pensamos. Para la inmensa mayoría de los lectores esta compañía es desconocida, aunque mencione su juego más famoso llamado Fornite, en este momento uno se siente de súbito mayor.

Apple se ha transformado en un gigante bursátil y la pandemia no ha venido nada mal a su modelo de negocio. Posee tal poder de prescripción que ni siquiera ha notado la crisis diplomática entre Estados Unidos y China. Ayuda que en ese apartado Tim Cook siempre haya defendido que le importa solo quién gobierna, salvo cuando se refiere al gobierno americano ya que en ese caso sí que tiene opinión.

Su éxito reside en que los clientes aceptan pagar un precio que otorga un margen generoso en la venta. Su dominio es tan aplastante que se queda con casi todo el beneficio del negocio de venta de dispositivos.

La otra vía de ingreso son los servicios que ofrece en su tienda llamada Apple Store. Las dimensiones son tan espectaculares que las comisiones que impone a los desarrolladores aportan una parte creciente de su beneficio neto sin ningún riesgo empresarial o coste añadido, y con un confortable duopolio de facto con sus rivales de Google.

Para cualquier espíritu libre, esta batalla legal es irrelevante. En un mercado abierto cada empresa puede imponer las condiciones que considere pertinente y la otra parte decidir si acepta o no. Esta visión es demasiado estática. Cualquiera que compra un móvil, ordenador o tableta está condicionado por las opciones reales de competencia y se ve forzado a un filtro marcado por el creador del dispositivo. Es obvio que la rigidez del ecosistema de Apple ha garantizado una confianza en los desarrolladores y una bajísima incidencia de virus o robos, pero quien quiera entrar en su tienda tiene que asumir sus condiciones.

Es en este punto donde el legislador no puede ser ingenuo. Ciertas dimensiones impiden una competencia efectiva y reducen la innovación empresarial. No significa que haya que hacer daño a Apple o reducir su tamaño por decreto, sino impedir que el poderío económico limite la libertad empresarial. Las nuevas tecnologías facilitan los oligopolios que en el mundo físico no permitiríamos nunca. La sana competencia es el requisito indispensable para un capitalismo fuerte, si se reduce, el consumidor sufrirá a medio plazo y la innovación desaparecerá.