UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


La pandemia y el género

08/03/2021

Va siendo ya una circunstancia habitual que el 8 de marzo sirva para poner de manifiesto situaciones que afectan a la mujer en nuestras sociedades; situaciones que generalmente les afectan para mal porque revelan desigualdades en muchos ámbitos. Efectivamente, no faltan motivos de reivindicación, y sería muy deseable que el análisis y la denuncia no se limitara a una fecha conmemorativa. También es cierto que tal fecha ha ganado en potencial de denuncia en estos últimos años, como lo es que la problemática de la mujer se ha hecho más visible y de manera más continuada.
Esta vez se impone la reflexión sobre un aspecto que necesitará más tiempo para poder ser valorado en profundidad, pero que ya va ofreciendo datos verdaderamente significativos. Se trata de analizar los efectos de la pandemia con perspectiva de género, una vez que ha transcurrido un año exacto desde aquel 8-M de 2020 y el cercano 14-M en que se declaró el estado de alarma. La pregunta es simple: cómo ha sido la incidencia de la pandemia atendiendo al género; y, si hubiera sido desigual, cuáles son las causas.
De los datos que ya se conocen resulta con claridad que la incidencia ha sido desigual y notablemente peor para las mujeres. De cada 100 casos de contagio notificados la proporción media ha venido siendo de 56 mujeres y 46 hombres. Es verdad que la mortalidad masculina ha sido superior (11% frente a 6,4) por causas bien conocidas: los hombres han fumado más y su afectación por patologías respiratorias es también mayor. Pero la circunstancia más influyente en el contagio está sin duda en la proximidad a los focos, eso que se ha venido llamando la «primera línea» de exposición al contagio; resulta que el 76% del personal sanitario son mujeres. Es así en toda Europa y muy especialmente en España: 68% de médicas y 84% de enfermeras; no es de extrañar que, de 100 sanitarios contagiados, el 75% fueran también mujeres. Otro tanto ocurrió en las residencias, tanto en las personas mayores que viven ellas, como en el personal de atención, con porcentajes superiores al 70%.
Esa ha sido y está siendo la realidad de la pandemia; ya hay pronósticos que apuntan a que los efectos económicos, en cuanto al empleo, tendrán también ese mismo sesgo, por las propias características de buena parte del empleo femenino. Una nueva brecha a sumar a las conocidas y un motivo principal de conciencia, de reivindicación y de lucha compartida.