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De agente del CNI a 'canalla'

Alicia G. Arribas (EFE)
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Luis Tosar protagoniza 'Código emperador', donde da vida a un investigador inquieto y hace de secundario en una delirante comedia

Código emperador está funcionando muy bien en los cines y parte de culpa la tiene Luis Tosar, convertido en Juan, un hermético agente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Vuelve el gallego a dar un recital de contención en un thriller de acción ambientado en las cloacas del Estado.

«No tenía mucho tiempo para investigar, salía justo de rodar Maixabel, pero Jorge (Coira, el director de Código emperador) me dejó hecho parte del trabajo, en cuanto a la organización interna y las estructuras de las células del CNI y, más o menos cómo operan», señala el ganador de tres Goya por Los lunes al sol, Te doy mis ojos y Celda 211.

Hasta ahí la documentación real, «pues ya te puedes imaginar que un servicio secreto poco te va a contar de cómo operan, por pura lógica -se ríe-. Lo que pasa es que partíamos de hacerlo lo más normal y lo más cercano posible a una realidad como la nuestra, quizá no tan cutre como lo que vemos en la vida real». Y se ríe aún más cuando recuerda algunas noticias del telediario, como el falso cura que entró con engaños a la casa de Luis Bárcenas, los discos duros rotos a martillazos, o el vídeo «del tipo que tapa su cara con una carpeta todo el rato, son imágenes que no olvidaré de por vida».

Casos como Gürtel, Kitchen, o más recientemente, el espionaje a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, dejan fotogramas «cutres» de lo que puede ser un agente secreto. «Lo que conocemos es la parte más chusca del CNI, que es la que sale en la tele, pero tendrá que haber gente más molona», bromea el intérprete, que añade que la cinta, más que un thriller de espionaje «entra en un terreno shakespeariano».

«Queríamos componer un tipo que tiene que hacer cosas con las que no está muy de acuerdo y que empieza a plantearse que esto no es para lo que él había sido reclutado. Es un hombre que, seguramente, tiene entre sus ideales y principios salvaguardar la seguridad nacional, y sabe que todas las porquerías en las que se ve involucrado a lo largo del largometraje no tienen que ver con eso», explica el actor.

Código emperador deja el equilibrio de la ética o la legalidad en los hombros de este policía que lleva varios casos en paralelo, todos ellos igual de turbios. En uno de ellos, donde investiga a unos traficantes de armas rusos, conoce a Wendy (Alexandra Masangkay), la asistenta filipina de los mafiosos que, como Juan, se limita a realizar su trabajo sin hacerse preguntas.

Tosar explica que son dos personajes «muy solos» que se encuentran en un lugar intermedio, «en una especie de zona de guerra extraña, pretendiendo los dos ser algo que no son, pero intuyendo que detrás de esa fachada hay algo que merece la pena». Una historia de amor seca, impecable, que da la nota positiva a la cinta. «Algo bueno tenía que tener», ironiza.

De un extremo a otro, como es habitual en su carrera, Tosar pasa del árido agente del CNI a ceder el protagonismo a un actor no profesional en su primera película, Joaquín González, amigo de la infancia de Daniel Guzmán, con quienes forma el grupo de Canallas, la segunda cinta del director madrileño, que también está en cines.

Lo que tiene claro el camaleónico intérprete lucense es que ha disfrutado muchísimo tanto con el thriller como con la comedia, que es absolutamente delirante.