Estrés y sufrimiento en las residencias

A.M.
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Durante la pandemia ha fallecido un 25% de los alojados en los centros sociosanitarios de la capital y provincia

Una mujer espera la visita de un familiar en una residencia de Segovia - Foto: Rosa Blanco

Personas que han padecido los efectos de una guerra civil, aunque de niños, o de la posguerra, el racionamiento y el estraperlo, que han superado los momentos más difíciles de la historia de España y han empujado para su reconstrucción hasta consolidar la democracia, han tenido que volver a las trincheras para luchar contra una pandemia que les ha azotado, aislados en sus habitaciones. Se han quedado por el camino oficialmente 573 residentes,  en torno al 25% de los 2.387 que ocupan los centros sociosanitarios distribuidos por la capital y la provincia, bien con casos confirmados de coronavirus o con síntomas, mientras que 872 han estado aislados. 
A la frialdad de esta cifras se añaden casos personales que demuestran el dramatismo de la situación, caracterizada por el estrés y el sufrimiento, principalmente la segunda quincena del mes de marzo, con representantes de residencias que aseguran que no les permitieron acceder a ingresos hospitalarios y otros que reconocen que esto «era complicado»,  mientras que otros centros no han tenido casos y, en la mayoría, ya tomaron medidas desde un principio, pero sufrieron el desconocimiento de la enfermedad, las bajas del personal y la falta de equipos de protección individual (epi,s). 
Algunos directores de centros públicos y privados, a excepción de los dependientes de la Consejería de Familia, que han declinado la invitación, han relatado a EL DÍA la trágica experiencia vivida y aportan algunas ideas para que no se repita la situación. 
La incertidumbre sobre la evolución de los contagios en Ayllón inquietaba en el centro que dirigie Pilar Pérez Martín, quien lamenta que, en un principio pasó tiempo hasta que se realizaon las pruebas diagnósticas y, después, se tardó mucho en conocer los resultados. «Al principio nos pilló todo de nuevas, pero hemos aprendido a ser más precavidos aún en las medidas de prevención y en la logística; no estábamos preparados para una cosa así pero creo que hemos sabido afrontarlo con profesionalidad y humanidad», matiza Pérez Martín. 
El Centro Residencial Oteruelo, en Valverde del Majano, había cerrado unos días antes del estado de alarma, aún así no se pudo evitar que afectara a alguno de sus residentes y causaran baja, según su directora Natalia Sanz Sastre, quien sostiene que «a nivel general este virus ya estaba ahí mucho antes de que nos avisaran y de que pudiéramos tomar medidas». La situación era tan anómala y desbordante por la impotencia que les generaba que en en este centro de Valverde llegaron a contratar los servicios de un psicólogo, pero los profesionales sanitarios se deshogaban entre ellos mismos, quizá sea ahora cuando lo necesiten.   A los residentes que enfermaban se les trataba principalmente en el centro, «ya que las derivaciones al hospital estuvieron muy complicadas, la carga asistencial era tal que fue imposible atender toda la demanda, eso complicó muchísimo la situación en las residencias», opina Sanz Sastre. 
De cara al futuro, en sintonía con alguno de sus colegas, la directora de esta residencia opina que la prevención es importantísima, pero sobre todo tener un sistema de detección precoz que corte de raíz y analice cualquier brote y una relación muy directa con los equipos de atención primaria. Asimismo opina que «se podría mejorar en centralizar y medicalizar más las residencias y que los médicos de éstas puedan acceder a los sistemas sanitarios a la hora de valorar historias clínicas». 
La Diputación de Segovia cuenta con tres centros residenciales. Por un lado, el CSS ‘La Fuencisla’,  que atiende a tres colectivos: personas mayores, algunas que presentan características psicogeriátricas y la Unidad de Rehabilitación Psiquiátrica; por otro lado, la Residencia de Mayores ‘La Alameda’ y el CAMP “El Sotillo”, para personas que tienen discapacidad intelectual. En total, han atendido 94 casos confirmados de los cuales 78 personas han superado la infección y 31  personas han fallecido,  16 fueron confirmados y 15 que presentaban sintomatología compatible.
Partiendo de la base de que en los centros asistenciales se disparan las posibilidades de contagio entre personas vulnerables, por el hecho de vivir juntas, unido al contagio del personal que les atiende,  para la coordinadora de centros de la Diputación de Segovia, Monica Fuertes,  «se ha producido una situación muy difícil y dura donde los momentos más complicados están relacionados con los fallecimientos de las personas y su comunicación a las familias». A ello hay que unir la intranquilidad que conlleva pensar en cuántos casos más pueden ocurrir e ir preparando los centros a la medida que se iban presentando tanto en el personal que se necesitaba como en los espacios y material de protección». En la misma tónica de quienes trabajan en el entorno de los centros sociosanitarios, Fuertes dice que  « ahora contamos con la experiencia que no teníamos hace cuatro meses». 
El día 7 de mayo, el grupo Sergeco, del que es gerente Rufino Catalina García, contaba con dos residencias en Segovia, Coca y Nava de la Asunción, y otras dos en en Valladolid. Hacia el 12 de marzo, en la caucense se comenzó a detectar sintomatología en varios residentes, hasta el punto de que llegaron a estar contagiados en torno al 60-70%, sin que se registrara ninguno en Nava de la Asuncion. Después han incorporado la residencia de Sanchonuño, «que había quedado muy afectada y sus antiguos dueños llegaron incluso a pensar en cerrarla», admite el gerente actual. En total gestiona 250 plazas entre Segovia y Valladolid. 
Rufino Catalina explica las vivencias de la crisis en los centros de Segovia, donde dice que lo han pasado «francamente mal ya que hubo un momento donde se llamaba al médico de urgencias o del consultorio local y ni iban; sin medios, sin apoyos, jornadas de 16 horas al día, nos hemos tenido que buscar la vida en cuanto a medios humanos, materiales, aunque habíamos sido previsores y teniamos epi,s desde febrero» 
El gerente de Sergeco añade textualmente:  «Nuestro momento más complicado fue cuando desde el sistema público de Salud (Sacyl) no se nos hacía caso, no se podía derivar al hospital, se nos llegó a avisar de que se nos iban a retirar los equipos de oxígeno ya que hacían falta en el hospital y se suponía que nos iban a dar soporte desde la empresa que lo gestiona en Valladolid, era todo un mundo que se nos caía encima y no había fuerzas para sujetarlo, pero lo hicimos (...) llamar al médico para certificar la defunción de algún residente fallecido y ni si quiera acudir, nos decían que se pasara la funeraria por el centro de salud». 
Catalina sostiene que «se puede mejorar en la calidad de la asistencia en centros para personas mayores siempre y cuando por parte de la administración tengamos más apoyos».
Isabel Pérez, directora de la Residencia San Antonio, de Marugán, relata que, prácticamente llevaron una vida normal, donde los residentes, por turnos,  salían de sus habitaciones y estaban bastante tiempo fuera, aprovechaban para hacer alguna terapia y ponerles música. Por eso, el momento más complicado para ellos fue el 12 de mayo cuando, en su opinión, «llegaron personas de la Gerencia de Servicios Sociales y Sanidad, que pensábamos que venían a ayudarnos y a darnos ánimos, pero solo subieron el tono de sus palabras porque  que los residentes estaban casi todos fuera de sus habitaciones, les entró una congoja y un malestar que hicieron hasta un escrito a la gerente, junto con sus familiares, para protestar». 
Pérez opina que, de cara al futuro, «quien más se tiene que preparar es el sistema sanitario, no pueden dejarnos a los residentes enfermos en los centros, no somos hospitales, podemos atenderles sus patologías, pero no este tipo de enfermedad (...) si no se puede trasladar, lo suyo es que hagan equipos sanitarios especiales y que organicen todo el trabajo».
A Pedro Hurtado,  director de la Residencia Madrid, del Real Sitio de San Ildefonso-La Granja le sorprendió el alto número de bajas del personal, incluso «se las daban por teléfono», asegura, quedándose con 11 de 31 trabajadores, por lo que tuvo que contar con voluntarios, hasta para la cocina, estando a punto de  «llamar a [la Gerencia de Servicios Sociales] diciendo que dejo las llaves por fuera, me marcho y que hagan lo que puedan». 
Hurtado se queja de que les ha costado trabajo conseguir que el 112 recoja a alguno de sus enfermos «si no estaba seguro de que le iban a admitir, pero era complicado hablar con urgencias, hasta que no autorizaban el traslado no iba la ambulancia a por él, lo que podría tardar hora y media a dos horas, pero no nos han negado traslados». 
En La residencia de Cáritas ‘El Sotillo’, la situación fue muy complicada, «hubo momentos muy difíciles,  inolvidables, días de mucho estrés, sufrimiento, no había respiro, la pandemia golpeó de manera muy dura a nuestro centro, tanto a residentes como trabajadores, llegando a tener a la mitad de la plantilla de baja, incluido todo el personal sanitario y el trabajador social», admite Mariano Illana Sanz, el director de la organización en Segovia. De ahí que lamente ver que, «a pesar de que pones todo de tu parte, que se cumplen todos los protocolos establecidos por la Administración,  no se es capaz de frenar el impacto del virus ni las consecuencias físicas y emocionales en residentes, familiares y trabajadores; fue muy dramático».
Sofía Arranz, directora de la residencia de Carbonero el Mayor, propiedad del Ayuntamiento, se siente feliz por el hecho de que ningún residente ni trabajador ha sido afectado por esta terrible enfermedad, aunque sí es cierto, según relata, que «hay que analizar la situación para ver lo que se puede mejorar».