Mejora el apetito de los 'yayos'

A.M.
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Las personas mayores están más animadas al poder salir a jardines o patios de los centros

Militares de la Base ‘El Empecinado’, de Valladolid, en una residencia de Segovia - Foto: D.S

Antes de que el virus entrara en los centros sociosanitarios todo el mundo andaba «muy perdido», reconoce Pilar Pérez Martín,  directora de la residencia de Ayllón, que contó con el apoyo del SAMUR, en dos ocasiones, para valorar el centro y ver como podían optimizar los cuidados. El  Equipo de emergencias madrileño visitó la mayoría de las residencias segovianas, llevando a cabo este cometido, como también lo hizo la Unidad Militar de Emergencias (UME), para realizar tareas de desinfección, así como otras unidades del Ejército, como la Base Militar ‘El Empecinado’, a la vez que era fluido el contacto con la Gerencia de Servicios Sociales y Atención Primaria, a través de los equipos Covid.
A los directores de residencias consultados por este periódico les ha sorprendido que los mayorers han llevado la situación mejor de lo que ellos esperaban, colaborando en todo momento, aunque tanto tiempo confinados se les ha hecho muy pesado, tanto física como emocionalmente.  «Ellos han entendido que esto era así y que había que llevarlo de la mejor manera posible, en un momento como éste han mantenido la calma y eso es algo asombroso dadas las circunstancias», reconoce Monica Fuertes, coordinadora de centros de la Diputación de Segovia.
No obstante, hay quien piensa que el confinamiento ha pasado factura a todos los residentes, aún haciendo «las pocas actividades que podíamos y que nos atrevíamos hacer», confiesa Rufino Catalina, gerente del grupo Sergeco, disgustado porque la UME se dedicada principalmente a desinfecciones en residencias públicas y con la «escasa» atención del equipo Covid de Nava de la Asunción, en su opinión.
Reconociendo que el estado es bastante bueno, Pedro Hurtado, director de la Residencia Madrid, del Real Sitio de San Ildefonso-La Granja, matiza que «el confinamiento ha sido en la habitación, eso ha sido durísimo, es gente mayor, con patologías de muchas clases, algunas mentales, se han agudizado todas». Sin embargo coincide con otros directores al asegurar que «en cuanto que han empezado a hacer vida normal, el cambio ha sido espectacular, las cocineras ya vuelven a ver los platos vacios,  antes las bandejas de la comida venían por la mitad, no tenían ganas de comer». 
Las videollamadas para que no perdieran el contacto con sus familiares, aunque fuera a través de una pantalla, ha sido el medio de comunicación más empleado, incluso con la aplicación ‘ConectYayos’, un proyecto de tres segovianos que llegó a contar con más de 800 usuarios. El hecho de poder hablar con los suyos aunque fuera un contacto virtual, emocionaba tanto a alguno de los residentes, que al despedirse terminaba besando la tablet, según la directora del Centro Residencial Oteruelo, Natalia Sanz. 
Muchos centros, principalmente donde la prueba realizada a los residentes ha dado negativa, les permiten salir al jardín o a algún patio del edificio, lo que supone un desahogo, así como a comedores habilitados, manteniendo distancias de seguridad en las zonas comunes y con mascarilla. En este proceso de desescalada interna, estos días se está autorizando también la visita de familiares con instrucciones sobre prevención y estancia en el centro.