"Pregunta más la gente joven que los mayores"

Nacho Sáez
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Los equipos de vacunación administran las dosis contra el coronavirus y también aclaran las dudas de quienes pasan por sus manos sobre la seguridad de los viales o la duración de la inmunidad.

Integrantes de los equipos de vacunación destinados en el pabellón Pedro Delgado. - Foto: DS

El próximo viernes 9 de abril se cumplirán cien días desde que Ana Fernández, interna de la Residencia Mixta de 97 años, se convirtió en la primera segoviana en recibir una dosis de la vacuna contra el coronavirus. Más de tres meses en los que las autoridades sanitarias han puesto en marcha un despliegue logístico inédito que ha estado repleto de dificultades y que todavía no ha alcanzado la velocidad de crucero deseada. Las que mejor lo saben son todas esas enfermeras, técnicas en cuidados auxiliares de enfermería y auxiliares administrativas –la mayoría son mujeres– que se han convertido en el motor de este proceso de inmunización y en el escudo contra las dudas que han surgido.

Esther Martín Garrido, que llevaba tiempo apuntada a las bolsas de empleo de Sacyl, fue reclutada como auxiliar administrativa por la Consejería de Sanidad cuando empezó la pandemia y ahora trabaja en una de las diez líneas de vacunación habilitadas en el pabellón Pedro Delgado. «La gente, sobre todo los mayores, vienen contentos de vacunarse», destaca. «Tienen ganas de juntarse con sus familiares y nietos sobre todo. Vienen tranquilos y bien. Por norma general la gente no viene nerviosa. Solo quizás alguno porque tiene demasiada información de los medios».

Preparación de las dosis. Preparación de las dosis. - Foto: Rosa Blanco

Entrar en el solárium del Pedro Delgado –donde además de los puestos de vacunación también se han improvisado dos salas de espera– es recibir una inyección de esperanza. La concentración en la labor que tienen que desarrollar sus profesionales comparte espacio con las sonrisas y la confianza a pesar de las recientes suspicacias surgidas en torno a las dosis de AstraZeneca o las originarias sobre el resto de vacunas. «[Los que se vacunan] te preguntan si es buena la vacuna que se le está poniendo, cuál es mejor, cuál es la diferencia entre unas y otras… Para saber cuánta inmunidad van a tener en el futuro. También suelen preguntar bastante cuándo tienen la inmunidad. Al final tienes que decirles que todo sigue igual, que hay que protegerse igual, que hay que mantener la distancia…», explica Martín Garrido.

Ella y sus compañeras tratan de restar heroísmo a un trabajo del que está pendiente toda la humanidad. «Me quedo con que la gente mayor es súper agradecida, encantadora. Lo que les digas. Por lo demás, todos los días son lineales», dice esta auxiliar administrativa. «Para nosotros esto es muy rutinario», abunda Carolina García Ochoa, una de las coordinadoras de los equipos de vacunación en Segovia. Sin embargo, detrás de lo que para ellas es un día más en la oficina está una jornada repleta de momentos trascendentes para que el proceso de inmunización resulte un éxito. Un ejemplo. «Fuimos tres días al cuartel de la Guardia Civil y pusimos 500. Después el responsable nos dijo que había tenido solo catorce o quince que le habían dicho que no se encontraban bien y no podían ir a trabajar», revela esta enfermera de 35 años natural de Guadalajara. A tenor de su experiencia el nerviosismo por la seguridad de las vacunas no ha cundido entre la población. «Sí que nos ha pasado con gente que, independientemente de lo que ha ocurrido con AstraZeneca, ya piensa que le van a pinchar y se marea o se le pone mal cuerpo», cuenta después de posar para la foto el pasado viernes junto a todas sus compañeras.

La emoción con la que están viviendo la vacunación tiene que ver más con la emotividad que con la imprevisibilidad. «El primer día con Educación –no sé si porque no respetaron la hora que les habían dicho– hubo una cola enorme, pero lo demás poca cosa», apunta esta enfermera cuando se le pide que recuerde alguna anécdota. Sí que tienen que responder a dudas recurrentes. Por ejemplo, sobre la relajación tras vacunarse de las medidas para contener el avance de la pandemia. «Mucha gente te viene preguntando», relata García Ochoa, «si se le va a dar un papel de que está vacunada o si puede ir a ver a sus hijos a Madrid». «Estar vacunado de momento no implica que tengas más derechos de movilidad que el resto. También te preguntan si tienen que seguir usando la mascarilla. Esto será cuando haya un porcentaje muy alto de la población vacunado pero hay que seguir protegiéndose igual», añade.

Una auxiliar administrativa registra las inyecciones.Una auxiliar administrativa registra las inyecciones. - Foto: Rosa Blanco

La duración de la inmunidad también suscita el interés de quienes reciben las dosis: «Nos pregunta mucha gente si dentro de un año se van a tener que volver a vacunar, pero eso de momento no lo sabemos. No sabemos cuánto tiempo va a durar la inmunidad. Lo dirán los estudios que se hagan de las vacunas». Aunque todavía queda lejos la consecución de los objetivos de inoculación previstos, esta semana el número de personas vacunadas con el ciclo completo (17.335) ha superado por fin la cifra de contagiados confirmados desde que comenzó la pandemia (16.226). Otro espaldarazo quizás para que los reticentes a recibir las dosis aparquen los miedos. «Si vemos que hay una patología que tiene que ser valorada por el médico antes de vacunar, le derivamos a que hable con su médico de cabecera antes de hacer nada. Tromboembolismos ya había antes de que empezáramos con las vacunas. Los casos que ha habido son tan escasos, tan anecdóticos, que achacarle eso a la vacuna habrá que estudiarlo pero parece una exageración», argumenta la enfermera García Ochoa. El sector de población que más desconfianza demuestra o que solicita más información está localizado. «Nos hace más preguntas siempre la gente joven que la mayor. Los mayores se fían de lo que les digas. Si acaso, te preguntan los hijos que vengan con ellos. Pero después de la segunda dosis casi no hay efectos», concluye.