Editorial

Sánchez mide en Europa la credibilidad de su Gobierno en España

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El enrarecido clima político que se vive en España no debería poner en peligro el deseado éxito de la pequeña gira que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, lleva por Europa para obtener el apoyo de socios de la UE al fondo de recuperación que abandera junto a otros estados como Francia e Italia. Sin embargo, asuntos de la política doméstica española como la campaña electoral que se desarrolla en el País Vasco y en Galicia, junto al escándalo que rodea al vicepresidente del Ejecutivo, Pablo Iglesias, por el ‘caso Dina’, no aportan el contexto necesario para que Sánchez pueda emplearse a fondo en su misión.
España se juega en estos contactos del presidente buena parte de su estabilidad económica y financiera a corto, medio y largo plazo. De cómo sea posible pagar la inmensa factura de la intervención pública ante la emergencia social y sanitaria de la Covid-19 dependerá el margen de maniobra de la nación durante un largo tiempo en todo tipo de contextos. Un acuerdo insuficiente que obligue al país a devolver miles de millones en créditos dejará maniatado a los gobiernos que se vayan sucediendo al frente del país durante varias legislaturas. Y cuanto más capital pueda conseguirse a fondo perdido mejor será la capacidad de respuesta ante futuras complicaciones. Y para ello, Sánchez debe trasladar a Europa un mensaje de confianza, de nación fiable, para lo que precisa de un decorado de cierta armonía interna. Al menos, de unidad en torno a este objetivo.
El apoyo de la canciller alemana, Angela Merkel, a la filosofía general del plan de solidaridad que se ha articulado entre Francia, Italia y España es un aval importante en la difícil misión de convencer a los socios más escépticos con los países del sur, pero éste debe ir acompañado de un mensaje de confianza interna. Y en este momento, Pablo Iglesias y el ‘caso Dina’ interfiere en la imprescindible imagen de solidez y estabilidad en el Gobierno desde fuera. Prestar a un país tal nivel de ayuda económica cuando su Ejecutivo no emite señales de confianza es arriesgado para el conjunto de los socios, pero más aún cuando entre ellos hay ya una parte que desde el primer día recelan. 
Sánchez lleva varias semanas desplegando el estilo político de la geometría variable y no ha tenido inconveniente por ahora en sumar mayorías necesarias para determinados asuntos muy distintas a la que le dieron las investiduras de 2018 y 2020. Esa capacidad de buscar aliados a un lado y otro del arco parlamentario, que a su vez muestra la disposición de otros partidos a participar en la estabilidad necesaria en asuntos de gran calado, es en lo que debe apoyarse en este momento el presidente del Gobierno y quitarse ataduras que a la larga le pueden llevar al fracaso en sus objetivos en Europa.