¿Cuál es mi personalidad? Lo dice mi escritura

Sergio Arribas
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Marian Alonso, la única perito calígrafa de Segovia, además de experta grafóloga. - Foto: Rosa Blanco

Marian Alonso es la única perito calígrafa de Segovia, además de experta grafóloga, capaz de descubrir desde la falsedad de una firma hasta la personalidad del autor de un texto.

Un cuadro, de apreciables dimensiones, preside su despacho. Es una lámina, enmarcada, que muestra el popular bolígrafo Bic Cristal. Con la tinta de uno de estos bolígrafos se puede escribir el equivalente a una distancia de un kilómetro. Marian Alonso aclara que este cuadro se lo regalaron unos amigos, sabedores del cariño que profesa al mítico ‘boli’ de la marca francesa, un instrumento que le es familiar, en su doble condición profesional, como perito calígrafa y como experta en grafología.

Por mera curiosidad, la abogada segoviana cursó primero un máster en Grafología, la técnica —o ‘pseudociencia’— que estudia las características psicológicas de las personas a través de la forma y los rasgos de su escritura. Le bastaba analizar un escrito manuscrito para desentrañar el carácter de su autor, la naturaleza de sus emociones, su tipo de inteligencia o actitudes profesionales. No se quedó en eso. A continuación cursó un máster en grafística y unió a su condición de abogada la de perito o experta calígrafa.

Para poder ejercer ante los tribunales, se inscribió en la Asociación Nacional de Expertos en Grafística y Documentoscopia-ANPEC, organización de la que llegó a ser la delegada en Castilla y León; al tiempo que ejerció como docente en la materia para alumnos de la UNED, en su mayoría policías nacionales y agentes de la Guardia Civil.

Como perito caligráfico en Segovia, Marian Alonso acumula una dilatada experiencia, de más de 15 años, en la elaboración de informes relacionadas con investigaciones judiciales donde es preciso verificar la autenticidad y autoría de escrituras manuscritas. Uno de los casos más habituales es el testamento ológrafo. El perito es llamado para acreditar ante el juzgado que el testamento escrito a mano, donde la persona expresaba sus últimas voluntades, correspondía sin género de duda a esa persona. 
Una firma o rúbrica que avale una letra de cambio, un cheque o un contrato de arrendamiento son también motivo de análisis del experto, capaz de discernir, a través de diferentes técnicas, si la firma dubitada —es decir, la que se pone en cuestión— ha podido ser falsificada. También puede acreditar si un escrito anónimo puede ser obra de una persona concreta —si, como es obvio, se dispone de otro texto indubitativo con el que comparar—; o hasta determinar el autor de un graffiti en una pared porque aunque la grafia o firma en un pared «tiene características diferentes, no dejan de ser también letras manuscritas», en este caso con espray.

«Si trabajas con documentos originales el grado de fiabilidad es del 99%», sostiene la perito, que elude precisar el tiempo que requiere para, por ejemplo, autentificar una firma. Para garantizar la eficacia de su trabajo, los peritos cuentan con la ayuda de material técnico. Basta escanear las dos firmas y utilizar un software específico, «criminalistico», capaz de discriminar tintas a través de la luz, aplicando luces ultravioletas e infrarrojos.

El perito puede analizar cada firma y determinar si corresponden o no a la misma tinta —si se hicieron con el mismo bolígrafo o con dos distintos—, si la presión ejercida por el escribiente es la misma o no —lo que implicaría sujetos distintos— o si las firmas se han efectuado sobre superficies blandas o duras. Por ejemplo, un contrato de arrendamiento se suscribe, en teoría, en un único acto por parte de propietario y alquilado. «Con la discriminación de tintas, se puede saber si se ha utilizado el mismo o distintos bolígrafos para una firma y otra, aunque los dos sean azules, o si las rúbricas se han producido sobre superficies blandas o duras. Eso son indicios», asegura la experta.

Gestos-tipo. ¿Cómo saber si un texto o firma es auténtico, si pertenece o no a una persona concreta? «Toda persona cuando escribe tiene unos gestos-tipo, es decir, escribe o firma de una manera muy determinada, que el falsario no sabe.Por ejemplo, un ‘8’ se puede escribir de derecha a izquierda o al revés o hay personas que el ‘6’ lo escriben de dos veces, primero el palo y después el redondel. Por la presión en la escritura, el perito sabe cómo escribe cada persona», comenta Marian Alonso, que precisa cómo la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol) ha «homologado» hasta diez gestos-tipo en la escritura manuscrita.

Lo ideal para verificar la autoria o descartar una falsificación es contar con un pequeño texto indubitario del autor. La identificación de cinco gestos-tipo sería suficiente para llegar a una conclusión.
En Segovia el trabajo más frecuente del perito judicial es el de verificar testamentos ológrafos, aunque también las firmas en pólizas bancarias y contratos de arrendamiento, en concreto, anexos de prórrogas de alquiler que el propietario niega haber firmado.
Es habitual que las firmas en cualquier documento se realicen con bolígrafo. «Lo mejor» para un perito, según desvela la experta calígrafa, es que el ‘boli’ sea de punta de bola y tinta azul. Son ideales los bolígrafos tipo Bic Cristal. «Los tipo Pilot no dejan marca en el papel. No se ve la presión. Sin embargo, el Bic no es rápido, te tienes que molestar más en la escritura, ejerces presión de una manera y ¡zas!, te pillan».

De igual forma, es más fácil identificar al autor de la escritura si ésta se realiza en letras minúsculas. De ahí que los escritos ‘anónimos’ se suelan escribir en mayúsculas. No obstante, «siempre les escapa algo, algún rabito de una letra o de otra cosa. Generalmente, al principio suelen tener mucho cuidado al escribir, pero por el medio se relajan, es automático; y al final intentan volver a hacerlo bien. Si tenemos otro texto de la persona con el que comparar, les pillamos».

Todo obedece a una máxima, el que escribe realmente es el cerebro, como lo demuestra el hecho de que hay personas que, privadas de manos o brazos, son capaces de tomar un bolígrafo con la boca o los pies y escribir.

 

El cerebro y no la mano

La ‘g’ indica la energía sexual y la ‘a’ la emotividad del sujeto. Cada vez más empresas usan la grafología’ para seleccionar a sus empleados con un determinado perfil


S i el perito calígrafo solo atiende a determinar la falsedad de una firma o escrito, el grafólogo estudia la personalidad del escribiente. Como quiera que es el cerebro el verdadero autor de la escritura, el análisis de cómo la persona traza letras, palabras y párrafos permite al grafólogo descubrir si ha tenido traumas, si puede trabajar en equipo o es individualista, si es extrovertido o lo contrario, su fuerza vital o su tipo de inteligencia.
En este sentido, cada vez son más las empresas que incluyen en sus procesos de selección de personal una prueba grafológica. La abogada, perito caligráfica y grafóloga Marian Alonso ha trabajado en Segovia con empresas que pidieron su colaboración para contratar a su plantilla. «En vez de explicar al empresario su currículum, le piden que haga un escrito a mano. A partir de la escritura es posible conocer si esa persona es honesta, extrovertida o si puede trabajar en equipo. La escritura no miente», subraya.
Marian Alonso explica que para realizar un informe de personalidad a partir de la escritura debe contar «como mínimo» con un folio con un texto escrito y una firma. El texto indica el «rol social», es decir el cómo esa persona se muestra al mundo, mientras que la firma da evidencias de cómo se relaciona con su familia y entorno más cercano.
«Tiene que haber un equilibrio entre tu lado social y tu lado íntimo», explica la experta. En este sentido, la escritura puede llegar a ser indicio de una posible patología mental. «Para mí, la grafología es una herramienta muy útil para la Psicología. En Francia es una asignatura dentro de la carrera de Psicología», apunta la abogada, perito caligráfica y grafóloga.

Existen infinidad de aspectos a analizar. Cuando la experta se enfrenta a una cuartilla manuscrita lo primero en lo que se fija es si el texto está bien estructurado, es decir, en los márgenes que deja el escribiente, arriba y abajo, a un lado y al otro. A continuación hay que atender a la «forma» de la escritura, si es grande o pequeña, su grado de inclinación y cómo la persona escribe las distintas letras porque cada una, subraya, tiene su significado. Por ejemplo, el ‘palito’ de la letra ‘g’ indica la energía sexual de la persona, la ‘a’ habla de las emociones y la ‘e’ su interés o afán por el dinero.
El margen izquierdo indica el «instinto maternal» de manera que cuanto más separado se escriba, menos quiere saber el individuo de ese ámbito. «Cuando se le pide a un niño que pinte, todos suelen dibujar un sol. Si lo hacen en la esquina superior izquierda, no es que no quieran a su madre, es que quieren ir hacia el futuro», dice.

Deseos ocultos. De igual manera, cuando un renglón se acerca mucho al margen derecho del folio suele implicar que «la persona tiene el deseo de ser más agresivo, de lanzarse a hacer algo, pero que se retrae por las propias inseguridades de la vida». El pesimista también puede ser identificado si en una palabra que contenga ‘ta’ la letra ‘t’ invade o corta a la letra ‘a’ , lo que significa una «herida a las emociones». Cuando los espacios entre palabras son iguales y coinciden, a su vez, entre los distintos renglones de un texto, formando «chimeneas», es un indicativo de que la persona ha sufrido un trauma no solucionado en el presente. O si la letra ‘m’ forma ángulos, en forma de serrucho, —se denomina ‘boca de lobo— puede ser un indicativo de que la persona puede ser hiriente con las personas que le rodean. Y si el punto de la ‘i’ se realiza con un círculo, indica que su autor goza de una personalidad fantasiosa y «sigue en la adolescencia».

Marian Alonso suele tardar unas tres horas en realizar un informe grafológico, por el que cobra unos 90 euros. «Es barato y te puedo decir muchas cosas», dice la experta, que sostiene como la grafología supone una herramienta «muy útil» no solo para los psicólogos; también para los neurólogos que, según explica, «hacen escribir a los enfermos de Alzheimer porque su escritura puede evidenciar el avance de la enfermedad. La firma, por ejemplo, es un recuerdo a largo plazo, que se hace de forma automática».

Con solo una firma no es suficiente para desvelar la personalidad de un individuo. «Con una firma solo no puedo, porque tengo que ver el equilibrio entre tu rol social y familiar. Algo se puede descubrir, como si una persona se protege o no, si es o no atrevido, pero con solo una firma es casi adivinar».