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Triples con chupa de cuero

Sergio Arribas
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El autógrafo de 'Epi' lo guarda como un tesoro. Y hasta hace poco madrugaba para ver a Gasol y Ricky Rubio. Le encanta el baloncesto, pero lo que le apasiona son sus tres hijos. Es la cara B de Lirio Martín, subdelegada del Gobierno en Segovia.

Triples con chupa de cuero - Foto: Rosa Blanco

A principios de los ochenta, 'Epi' era todo un ídolo para los niños. Tan popular como el amigo especial de Blas en Barrio Sésamo llegó a ser el jugador de baloncesto, ambos con el mismo diminutivo. Juan Antonio San Epifanio 'Epi' era el Gasol de la época y, como tal, protagonizó varios anuncios televisivos de Nocilla, la incomparable crema de cacao. «No hay otra igual», rezaba su publicidad. Lirio Martín (Segovia, 1970) empezó por entonces a jugar al baloncesto y al igual que miles de niños en España, merendaba Tulipán, foagras La Piara o Nocilla, con la que se podía lograr un autógrafo de la estrella nacional del baloncesto. «Mandé mi carta y me contestaron. Era una carta manuscrita con el autógrafo de Epi. ¡Increíble! Lo guardo como un tesoro», afirma Lirio Martín, doctora en Derecho,  profesora titular de la UVa y actual subdelegada del Gobierno en Segovia.

El baloncesto es su deporte favorito, con mayúsculas. Lo jugó de chica, desde que iba al colegio, en Cantalejo, donde estaba destinado su padre, agente de la Guardia Civil. A la hija de Victorio y Aurelia se la veía con frecuencia en el pueblo con un balón de baloncesto. Y practicando el tiro a canasta en aquella cancha situada frente a la casa-cuartel. 

«El baloncesto es dinámico, entretenido, se trabaja en equipo, te amuebla la cabeza», reflexiona la subdelegada que recuerda cómo se enganchó al 'basket' en aquella etapa de oro del baloncesto español, cuando en 1984 la selección disputó la final olímpica de Los Ángeles. «Epi, Corbalán, Iturriaga, Fernando Martín, Romay... Me levantaba a ver los partidos [eran de madrugada], pero es que lo he hecho hasta hace cuatro días, para ver partidos de Gasol o de Ricky Rubio», explica Lirio Martín, que se declara 'fan' de la que fue capitana de la selección femenina, Laia Palau, y del equipo Perfumerías Avenida. Sin embargo, en aquella época era entusiasta del Barcelona y de 'Epi' y, por eso, en aquellas competiciones de deporte escolar siempre lucía la camiseta con el número '15', el del capitán blaugrana.

Triples con chupa de cueroTriples con chupa de cuero - Foto: Rosa Blanco

«Somos una familia enamorada del baloncesto, lo vemos y practicamos en familia», confiesa Lirio Martín. Su marido César, natural de Cantimpalos, ya lo práctico cuando estudiaba en Tarragona, mientras que su hijo Matteo, con doce años, juega en el equipo de baloncesto del colegio Claret. Matteo se escribe con dos 'tes', al igual que Marietta, su hija mayor, de 17 años. La pequeña, con diez años, es Mencía. A ninguna de sus hijas la ha llamado María del Lirio como le puso su madre, nombre florido e inusual originario de Honrubia de la Cuesta.

Sus tres hijos son adoptados. Fue una decisión que tomó la pareja cuando Lirio tenía 33 años y su marido 37 años. «Cuando la vida no te permite tenerlos de forma biológica, te preguntas.. ¿Y por qué no la adopción? Y lo haces una, dos, tres… Si la paternidad es una decisión muy meditada, en el ámbito de la adopción, aún mas». Al ser una pareja joven, les entregaron a los niños con muy pocos meses de vida «Es lo mejor que hemos hecho en la vida. Que me hayan aceptado y querido como su madre es el mayor logro. Renunciaría a todo por ellos. Todo es por ellos», recalca con sentimiento.

Recuerda que cuando sus hijos eran más pequeños se sentían observados y les generaba una cierta incomodidad. «Claro, somos una familia de diferentes orígenes, dos caucásicos —por ella y su marido— y cuando eran más pequeños, llevar de la mano a un africano y dos orientales… sí había un grado de observación, de curiosidad, no digo malsana. Y había gente que se acercaba para decirte ¡qué gran labor habéis hecho¡ No, no, les respondía. Hay diferentes modelos de familia y nosotros somos uno de ellos. Mis hijos son segovianos como sus padres, de los que dicen ¡bueno majo¡ [se ríe]».

Triples con chupa de cueroTriples con chupa de cuero - Foto: Rosa Blanco

No es el único 'hito' que ha logrado Lirio Martín, la primera universitaria de la familia. De niña ya tenía un carácter un tanto protestón, que en la edad adulta derivó en un espíritu crítico e inconformista. Fue buena estudiante y en la escuela o el instituto no le importaba ser delegada de clase o hacer preguntas en nombre de los compañeros. Comenta que siempre fue una mujer decidida, que asumía la responsabilidad de sus decisiones y que nunca dio problema a sus padres, más allá de que les tenía «un poco hartos» por esa constante rebeldía verbal. «La palabra —matiza— debe ser siempre la herramienta». Claro que la herramienta también puede ser un martillo pilón. 

Victorio, su padre —tiene 85 años — fue un guardia civil «de la vieja escuela», firme defensor de la democracia. Todavía recuerda aquel 23-F de 1981, cuando ella celebraba su 11 cumpleaños mientra su padre y el resto de los agentes destinados en Cantalejo asistían con preocupación al golpe de Estado de Tejero «con el temor de dar un paso atrás y perder el privilegio de la democracia».
Lirio Martín nació en Segovia, aunque vivió en Mozoncillo hasta los tres años y en Cantalejo hasta la mayoría de edad. A punto estuvo de venir al mundo de camino al hospital, en concreto al Policlínico. El único 'taxi' en Mozoncillo estaba destinado a transportar a obreros de la construcción a Segovia, de tal manera que faltó muy poco, según acredita su madre, de nacer en medio de señores con cascos y herramientas.

La subdelegada reconoce ser 'polilla', es decir, como se denominan a los hijos e hijas de los agentes de la Benemérita, mientras confiesa que a su padre le supone un orgullo que, por razón de su cargo, sea hoy la jefa  de la Guardia Civil y la Policía Nacional en Segovia.
De su padre asegura haber heredado la constancia. «Soy persona dura, aunque, como todos, luego tienes tu parte blanda. Pero no me gusta llorar en público. Tengo que guardar la compostura por responsabilidad», afirma la subdelegada, quien, a lo largo de la conversación, admite que la pandemia y sus consecuencias le han dejado heridas en el alma . «Sí, sí, ha sido duro, durísimo. Hubo días de volver a casa y llorar amargamente, cuando en Segovia teníamos 45 fallecidos al día».

Con su progenitor también le une otro aspecto de su carácter, pues confiesa que le agita y sobresalta el desorden. «Soy muy organizada y estructurada, algo muy militar», dice. [se ríe]. Yhablando del ejército y su disciplina, confiesa que se siente más cómoda con botas «las de trabajar» que con un vestido y tacones, a los que, no obstante, no renuncia cuando se presenta la ocasión.  Pero  si hay una prenda que le enamora. «No soy mucho de tacones y falda, pero si hay que ponérselo, pues me lo pongo. Pero si hay algo que me mola, es la chupa de cuero y digo chupa y no cazadora. Me siento más guapa e interesante con una chupa de cuero».

No es casualidad la elección de la prenda, pues desde muy pequeña a Lirio Martín le cautivó la música rock, desbancada hoy por los 'hits' latinos. Fue cuando tenía unos 10 años y pasaba los veranos en Honrubia de la Cuesta, el pueblo de su madre Aurelia. Mientras en la casa-cuartel se escuchaba a Julio Iglesias, Manolo Escobar o Perales, en los veranos del 'teleclub', allá por el año 1983, Lirio Martín descubrió a Leño y a Rosendo Mercado cantando 'Maneras de Vivir' . «No soy de temas románticos, me gustan los temas cañeros. Y Maneras de Vivir me encantaba.. Luego descubrí a Loquillo, Nacha Pop... en fin».

Contra la injusticia. Lo que también descubrió fue su pasión por el Derecho, una carrera con la que podría encontrar argumentos a aquella expresión que de niña y adolescente utilizó con frecuencia: «esto es una injusticia».  Accedió a la universidad con 18 años, en 1988. En cinco años solo tuvo dos profesoras. Una de ellas, en el último año, la de Derecho Procesal, a la luz de su brillante expediente, animó a Lirio Martín a dedicarse a la docencia. Curso la carrera en el Colegio Universitario 'Domingo de Soto' y en el año 2000 obtuvo el doctorado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), donde dio clases, antes de ejercer como docente en el campus de la Universidad de Valladolid (Uva) en Segovia, donde sacó la plaza como profesora titular de Derecho Civil.

Concejala de Educación y Juventud en el Ayuntamiento de Segovia, en el último mandato de Pedro Arahuetes, fue nombrada subdelegada del Gobierno en junio de 2018. «Mi formación en el ámbito jurídico y universitario me ha venido muy bien para trabajar como subdelegada», afirma Lirio

Martín, nombre que bien podría ser de un personaje de novela, o más bien de intriga o policíaca, que son las que le chiflan. Y aunque conoce de primera mano el trabajo policial, no se atreve a escribir ninguna. «No me veo a lo Agatha Christie, me gusta más leerlo», afirma la subdelegada, que descubre otro de sus secretos. Como familia numerosa, todos los días hay que preparar desayunos. Pero los sábados y domingos no le importa madrugar un poquito para tomar un café y leer el periódico, en soporte papel. Y nunca pasa por alto las páginas de deporte y las noticias de baloncesto, aunque el partido de su vida ya lo ha ganado. «Mi victoria, compartida con mi marido, son mis tres hijos» El triunfo, con un triple.