Editorial

El Open Arms continúa varado en un mar de intereses populistas

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Después de llevar casi tres semanas varado, con la tripulación advirtiendo de que la situación en el barco es insostenible y que no pueden garantizar la seguridad del centenar de migrantes que desde principios de agosto permanecen a bordo -a escasos metros de la costa italiana de Lampedusa-, el Gobierno de Pedro Sánchez hizo ayer un nuevo viraje en su política migratoria al ofrecer el puerto de Algeciras para proceder al desembarco de los rescatados por el Open Arms. Movido más por la presión ciudadana que por convicciones propias (no ha pasado ni una semana desde que el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, acusase a la organización de ir de "abanderados de la humanidad"), la propuesta llega tarde, según la ONG, y es prácticamente imposible técnicamente dada la lejanía de una embarcación donde cada hora la tensión aumenta.
Lo cierto es que los puertos españoles no son ni los más cercanos ni los más seguros para el Open Arms, como los propios responsables del barco han repetido, pero en estos momentos España es el único país dispuesto a acogerlo y resulta contradictorio que después de pedir ayuda a Sánchez, el capitán del barco diga ahora que no quiere venir. Son estas incoherencias y el afán de protagonismo los que alimentan las sospechas de colaboración con las mafias migratorias que los responsables de la ONG catalana deberían despejar cuanto antes. 
La patata vuelve a estar en el tejado del todopoderoso ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, que ha hecho del cierre de puertos a los migrantes y refugiados su populista caballo de batalla en el que subirse para intentar hacerse con las riendas del país transalpino. Forzando hasta el límite el enfrentamiento con hasta hace bien poco sus socios, el líder ultraderechista solo busca provocar una crisis que desemboque en elecciones. Las encuestas le son favorables. El Open Arms es, pues, una pieza más en este pulso que mantiene en el interior del ejecutivo italiano, en el que claramente su ministerio funciona como un reino de taifas. Hace días que hay seis países europeos, entre ellos España, que se han comprometido a recibir los migrantes una vez tomen tierra, pero esto no ha sido suficiente para Salvini, inmune también a las presiones del Parlamento Europeo y de la comunidad internacional. 
La inmoral estrategia de dejar morir a los migrantes en alta mar para desincentivar su fuga no ha funcionado. En 2019 ya llevamos, que se sepa, 900 muertos en el Mediterráneo, y habrá más. El testimonio de los supervivientes que consiguen ser rescatados da fe de su desesperación, del grado de aberración de la política europea y, sobre todo, de la necesidad de una solución eficaz, común y solidaria en la política migratoria. Sería el mejor de los escudos contra la Europa xenófoba que quiere Salvini.