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"Hay que modificar nuestra forma de pensar"

María Albilla (SPC)
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"Hay que modificar nuestra forma de pensar"

Si todavía hay alguna mujer que sueña con ser princesa, debería echar un vistazo al nuevo libro de la periodista Sandra Sabatés, No me cuentes cuentos (Planeta), una decena de relatos en los que denuncia el machismo y la violencia contra las mujeres que esconden cuentos clásicos como Caperucita, La Bella y La Bestia, La Sirenita o Blancanieves. Para ello utiliza las historias reales de 10 mujeres que han sufrido agresiones bárbaras y han consentido que se usen con este fin, como la víctima de La Manada (Caperucita), una menor abusada durante años por su padre (Piel de asno) o una joven inmigrante obligada a prostituirse tras llegar a España engañada con una falsa oferta de trabajo (El zurrón que cantaba).

Todos los cuentos tienen una moraleja. ¿Cuál es la de las 10 historias que recoge en No me cuentes cuentos?

La moraleja es que por muchos siglos que hayan pasado, las mujeres seguimos sufriendo la misma violencia de género que la que sufrían las protagonistas de estos cuentos clásicos. Porque estos relatos hablan de violaciones, violencia física, psicológica, de mutilaciones… De manera que en pleno siglo XXI sigue habiendo muchas Caperucitas, Bellas, esposas de Barba Azul o Sirenitas.

¿Por qué es necesario revisar con otra mirada los cuentos de siempre?

Porque esos cuentos nos dan muchísima información de cómo era nuestra sociedad hace cientos de años y, cuando los analizas con otra mirada te das cuenta de que, en ocasiones, ocultan auténticas salvajadas contra las mujeres que, a menudo nos han pasado desapercibidas porque llevamos años escuchándolos y hemos ido interiorizando y naturalizando la violencia de género. Y al establecer el paralelismo con la situación a día de hoy, se evidencia que no hemos evolucionado tanto. 

¿Cómo cuenta usted a su hijo el de Caperucita?

Mi hijo Koldo tiene ahora mismo 11 años y el cuento de Caperucita o el de la Bella Durmiente, por ejemplo, resultan muy útiles para hablar con nuestros hijos adolescentes de un tema fundamental como es el consentimiento. Es importante el acompañamiento en la lectura de estos relatos para ser críticos, para concienciar. Estos cuentos nos sirven para explicar a las nuevas generaciones qué sociedad somos y a la vez queremos dejar de ser. Cambiarlo, empieza por ellos y la educación es fundamental. Por eso le dedico a él este libro. 

¿Cuándo o cómo se dio cuenta de que nos estaban contando demasiados cuentos?

No te das cuenta de un día para otro, es algo progresivo y la educación, el feminismo, son fundamentales para tomar conciencia de esta desigualdad. Toda la vida nos han estado contando cuentos porque vivimos en una sociedad basada en principios machistas y forma parte de nuestra cultura, de nuestra formación, lo tenemos muy arraigado. Por eso cambiarlo es cosa de todos, porque hay que modificar nuestra forma de pensar para establecer una sociedad igualitaria. Algo complicado, cuando no dejan de proliferar discursos negacionistas promovidos por una extrema derecha empeñada en seguir contándonos cuentos. 

¿Cuánto nos han engañado con los cuentos de príncipes y princesas?

Muchísimo y desde bien pequeños, es lo primero que nos cuentan y van pasando de generación en generación. De hecho, hasta hace dos días, en plena dictadura, se insistía en la idea de que la esfera pública era de los hombres y a las mujeres les tocaba la privada, es decir, quedarse en casa, cuidando del hogar, los hijos y el marido. Ahora, en muchos casos, nuestras aspiraciones han cambiado y no queremos esperar a que nos rescaten, pero la violencia de género nos sigue lastrando. Esto es lo que pretende este libro: denunciar lo que está pasando y ofrecer herramientas para que muchas mujeres detecten a tiempo esta violencia. 

¿Hay alguna fábula que le resulta, en su versión clásica, de más crudeza que el resto?

En su origen, estos cuentos eran todavía más violentos, pero con los años los suavizaron, borrando escenas especialmente sangrientas o sexuales para poder dirigirlos al público infantil. En cualquier caso, la violencia sigue estando ahí. En algunos casos de forma explícita, en otros es más sutil, pero a menudo nos pasa desapercibida precisamente porque la hemos normalizado. Pero todas ellas son historias muy crueles. Hablan de violaciones, violaciones por sumisión química, abusos sexuales infantiles, violencia física y psicológica, amor romántico, explotación laboral, matrimonios forzados, mutilación genital femenina y prostitución y trata. Todos emanan una violencia extrema contra la mujer.

Recoge los diferentes tipos de violencia que sufren las mujeres. ¿La información es la mejor arma contra la violencia?

La información, la educación es fundamental para acabar con la violencia de género. Es el primer paso para que las nuevas generaciones crezcan con otra mirada y podamos crear una sociedad justa e igualitaria. Y en esta labor, todos somos responsables: padres, profesores, medios de comunicación, etc. También, referentes en las redes, streamers que mueven millones de seguidores, como el Xokas, que hace un par de semanas contaba cómo un amigo aprovechaba para ligar con chicas que estaban borrachas, normalizando una vez más la cultura de la violación. 

Por otro lado, vivimos en pleno auge de la desinformación, en el que se repiten ideas falsas, como la inexistencia de la violencia de género, que acaban calando especialmente entre los más jóvenes. Los medios, los periodistas, tenemos la función de desacreditar estos discursos y contar la realidad. 

Es importante el acompañamiento en la lectura de estos relatos para ser críticos, para concienciar"

Todas las historias de las que traza un paralelismo con un cuento, en realidad son puras pesadillas. ¿Qué tienen en común todas esas mujeres?

Todas ellas han sufrido violencia por el hecho de ser mujeres. Y todas ellas han aceptado formar parte de este proyecto con la misma intención: visibilizar lo que está ocurriendo a día de hoy en las calles y casas de nuestro país y echar una mano a otras mujeres para que sepan detectar a tiempo esta violencia y evitarla. Es un ejercicio maravilloso de sororidad, especialmente teniendo en cuenta que no ha sido nada fácil para ellas tener que revivir estos episodios tan duros, para poder contarlos. 

¿Qué heridas les quedan a todas esas princesas? ¿Cómo las pueden superar?

El proceso de recuperación no es nada fácil. La mayoría requiere meses de terapia para asimilar lo que han sufrido y aprender a convivir con ello para poder recuperar sus vidas, reconstruirse. Pero es que en muchos casos no hablamos solo de secuelas psicológicas, sino también físicas. Es el caso por ejemplo de la protagonista de trata y prostitución, que sufrió siendo muy joven un infarto de miocardio y ha perdido la mitad del bazo y el riñón; o Blancanieves, que sufrió trastornos en la alimentación. Y luego, hay que tener en cuenta que también hay unas víctimas colaterales: familiares, amigos… y en la mayoría de los casos, las protagonistas de estas historias se sienten responsables del sufrimiento que estos episodios de violencia han generado en su entorno. 

¿Estamos en una sociedad que normaliza la violencia?

Hemos normalizado, naturalizado la violencia de género. Pamela Palenciano lo cuenta estupendamente en su monólogo No solo duelen los golpes, un trabajo maravilloso con el que pretende sensibilizar a los más jóvenes de esta lacra que seguimos arrastrando. Nos han vendido un amor romántico, en el que llega el chico perfecto que solo tiene ojos para ti. Y nos han contado que el mundo azul de los chicos está por encima del mundo rosa de las chicas. Nos han enseñado a esperar, a aguantar esos silencios asesinos, a perdonar cuando él regresa arrepentido. Hasta que es demasiado tarde y ya ni siquiera te reconoces a ti misma. Y lo primero que debemos enseñar es a querernos por encima de todo, porque como nosotras nos queremos no nos va a querer nadie y que el amor, no duele. 

No dejan de proliferar discursos negacionistas promovidos por una extrema derecha empeñada en seguir contándonos cuentos"

Los datos de cifras de mujeres que mueren por violencia machista no ceden. ¿Qué se está haciendo mal?

Es nuestro gran reto, y sobre ello debemos reflexionar. Por un lado, hay que mejorar los recursos para prevenir y detectar a tiempo los casos de violencia de género y poder actuar. Y para ello, es fundamental que las mujeres que están siendo víctimas de violencia machista no se callen, que lo cuenten, que denuncien. Es la idea que repiten las protagonistas de este libro. Y, al mismo tiempo, sensibilizar a la sociedad de un problema que no hace más que agravarse. La violencia de género sí existe y se está llevando por delante la vida de muchas mujeres. Nos están matando. 

Más preocupante aún es la normalización de este tipo de acciones entre los jóvenes, que consideran normales los celos o controlar los teléfonos de sus parejas…

Es especialmente preocupante y eso significa que algo estamos haciendo mal. Se está normalizando el control, los celos, etc. en definitiva, las relaciones tóxicas. Según el último Barómetro de Género y Juventud de 2021, el 20 por ciento de chicos de entre 15 y 29 años cree realmente que la violencia de género no es más que un invento ideológico, el doble que el porcentaje registrado en 2017. Es la constatación de que los discursos de la extrema derecha penetran entre los más jóvenes. Cada vez son menos los que consideran que la violencia machista es un problema social grave.

¿Se puede seguir soñando en ser un príncipe o una princesa… pero empoderado/a, libre y sin miedo?

En realidad, no necesitamos corona para ser poderosas. Lo que queremos es ser libres y poder vivir sin miedo. 

Las mafias acechan en las fronteras de Ucrania para captar jóvenes a las que probablemente acabar prostituyendo… ¿Puede ser el inicio de muchos cuentos de horror y terror?

Sin duda. Las mujeres son las grandes perdedoras en los conflictos bélicos porque muchas de las que consiguen salvar sus vidas, son secuestradas y violadas, convertidas en botín de guerra. Auténticos crímenes que generalmente quedan impunes. 

Ahora mismo, estamos viendo lo que está ocurriendo en Ucrania. Muchas mujeres jóvenes, con menores a su cargo, intentan huir del país y al cruzar la frontera, se encuentran con mafias de proxenetas que, fingiendo un acto de solidaridad, se aprovechan de su vulnerabilidad para secuestrarlas y prostituirlas, convertirlas en esclavas.