Biutiful nius: Las otras noticias de la semana

Sofía Esteban
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Biutiful nius: Las otras noticias de la semana

El chip más prodigioso

¿Recuerdan a Tuck Pendelton? El impulsivo piloto de aviones que se prestó voluntario para hacerse diminuto y ser introducido en una cápsula, y que acabó en el interior del hipocondríaco Jack Putter...
Si nacieron en el siglo pasado, es posible que hayan reconocido a dos de los protagonistas de El chip prodigioso, una película, desde luego no de culto, pero que tuvo su tirón a finales de los 80 cuando el cine se veía en salas de pantalla grande o alquilando una cinta en unos videoclubs convertidos ahora casi en objetos de culto.
Tan vintage como podría ser dentro de unos años escuchar música con el móvil, que Facebook te recuerde la fecha de cumpleaños de todos tus amigos, y otros que no lo son tanto, o medirse la tensión en la farmacia.
Y es que el magnate Elon Musk, conocido por poner en marcha los coches Tesla o los cohetes comerciales Space X, ha revelado su nueva locura. Se llama Neuralink y va camino de conectar los cerebros humanos con ordenadores por medio de un chip implantado en la cabeza, de modo que puedan funcionar como un disco duro.
El invento promete ayudar en cuestiones de salud, calculando, por ejemplo, los niveles hormonales de cada persona para futuros diagnósticos que permitan adelantarse a enfermedades como el cáncer o el párkinson, curar lesiones congénitas, corregir graves daños cerebrales e incluso bloquear partes de la materia gris para tratar patologías como la depresión o las adicciones. Pero también servirá para asuntos más lúdicos como pinchar las canciones y vídeos favoritos directamente en el cerebro o revisar la agenda de la semana.
El proyecto ha sido probado con éxito en animales y, aunque parece que todavía falta algo de tiempo para que pueda ser implantado en humanos, Musk ha empezado a buscar intrépidos voluntarios para desarrollar su propio viaje al futuro. Pero eso ya es otra película.

 

Tomatina en conserva 
Sin guerra de los tomates se queda este año Buñol, precisamente en el 75 aniversario de su fiesta con más salseo. Más de 170 toneladas de la reina de las hortalizas que tendrán que disfrutarse en ensalada si no quieren echarse a perder. 
El coronavirus se ha llevado por delante, también, la batalla más divertida que se espera cada último miércoles de agosto desde 1945, cuando unos jóvenes que presenciaban en la plaza del pueblo el desfile de gigantes y cabezudos dieron origen, sin imaginarlo, a la pringosa celebración. Intentando abrirse paso entre la comitiva, hicieron caer a uno de los participantes, que empezó a golpear a los presentes. Para responder a la ofensa, la multitud se proveyó de tomates en un puesto cercano y se desató una contienda que fue repetida con tenacidad por los jóvenes hasta convertirla en tradición. 
Y, pese a que este año no se celebrará en las calles, no caerá en el olvido. El combate a tumba abierta será virtual. Preparen sus vídeos, con productos reales o ficticios, que los ganadores tienen premio. Entradas para que el año que viene puedan demostrar en vivo que el tomate no solo lo trituran para el gazpacho.

 

Una maestra de hojalata
Con dos linternas como ojos, un envase de plástico haciendo las veces de cuerpo y una radio antigua como elegante cabeza, Kipi se ha hecho un hueco en los Andes peruanos para llevar la educación allá donde no llega. 
Cuerpo de chatarra y alma de maestra tiene este robot reciclado, fiel compañero de su creador, un joven profesor con la vocación por bandera. Programada para cantar, bailar y aprender con estudiantes con necesidades especiales, Kipi fue concebida en el laboratorio de creatividad del humilde colegio Santiago Antúnez de Mayolo, de Colcabamba, donde Walter Velásquez le dio vida entre cuatro paredes de adobe y un techo agujereado. Su llegada inunda de saber cada rincón de las aulas. Despierta inmediatamente la atención de los niños y niñas deseosos de vivir nuevas aventuras. Curiosidad y asombro al escucharle hablar con su voz metálica recitando poemas, cuentos y canciones. El mejor momento, cuando ilumina sus ecológicos ojos verdes de esperanza para trasladar a los pequeños a mundos donde otras vidas son posibles.

 

Se vende avión presidencial
Una elegante y amplia habitación con oficina, baño completo, cinta para correr, asientos de piel, cocina y hasta sala de prensa. Así es el lujoso avión presidencial de México que fue utilizado por Enrique Peña Nieto y que su sucesor, Andrés Manuel López Obrador, quiere vender por un precio de saldo. 130 millones de dólares frente a los casi 219 que costó en su día al erario público, después de intentar deshacerse de él en una rifa con boletos a 500 dólares que resultó infructuosa. 
Año y medio lleva estacionada la nave en Estados Unidos sin encontrar quien la quiera, después de que el actual mandatario rechazara utilizarla por representar los «lujos faraónicos» que llevaron al país a la ruina. Dos ofertas se han puesto ahora sobre la mesa. Una promete pagar la mitad en efectivo y el restante en equipos médicos; la otra, todo en cash. Los pujadores, secretos, a la espera de concretar la operación para surcar el cielo a los mandos del pájaro más ostentoso que pronto podría desplegar sus alas de nuevo.

 

La suerte es compartirlo
Imagino la lluvia de monedas y no me hago idea del tiempo que pueden tardar en caer los 3,8 millones de dólares que una mujer de 60 años se embolsó hace unos días en las tragaperras del casino Hard Rock del famoso hotel con forma de guitarra de Hollywood; un premio récord que llegó tras una apuesta de cinco dólares y mucha ilusión. 
Me gusta ganar hasta al parchís, lo confieso, pero en los juegos de azar la diosa Fortuna no me ha llenado nunca la cuenta corriente de ceros. Su varita mágica ha hecho mucho más. Me transporta a islas de ensueño, tardes de sol y noches interminables en la mejor compañía. Sueños compartidos de los que despertamos cada semana para volver de inmediato a subir a una noria de las ilusiones que no para de girar.