UNA COL

Aurelio Martín

Periodista


Donde dije Diego

El incendio registrado en la Sierra del Guadarrama, en término del Real Sitio de San Ildefonso-La Granja, ha dejado varias lecturas dentro del dramatismo que suponía comprobar la destrucción de una zona con la que muchos se sienten sentimentalmente muy unidos, sin dejar al margen el extraordinario valor medioambiental, comenzando por los medios que se pusieron para combatirlo, evitando males mucho mayores, y la movilización de cientos de voluntarios dispuestos a echar una mano en la recuperación, ayudando también en los momentos más difíciles, aunque fuera en labores de avituallamiento. Cuando todas las informaciones oficiales han apuntado a que en este suceso ha intervenido la mano del hombre, desconociéndose aún si de forma negligente o intencionada, lo que se sigue investigando –aunque hay mucha incertidumbre porque el inicio, el 4 de agosto, coincidió con el del Puerto de Morcuera, entre Rascafría y Miraflores de la Sierra– llamó la atención la rotundidad de la comunidad de propietarios de la urbanización Caserío de Urgel, donde se originaron las llamas –los primeros en tratar de apagarlo aunque no pudieron impedir que se extendieran con rapidez ladera arriba–, que en un comunicado consideraran como «no descartable» que los cristales de una botella rota de ginebra habían podido ser la causa.

Según los firmantes de la nota, el hecho de que la zona esté llena de maleza y de restos de botellón, pudo haber influido en el desastre, mientras culpaban al consistorio del abandono. Estas afirmaciones hechas en caliente, independientemente del fondo y de la responsabilidad que puede tener la administración municipal en el cuidado de esta urbanización, han sido muy precipitadas para un asunto tan grave del que se desprende una gran responsabilidad, cuando no hay resultados de las investigaciones abiertas. Lo que no puede ser aceptable es que, después de un comunicado tan rotundo, que llevaba como título «La crónica de un desastre anunciado», se haya querido pasar la pelota a los medios de comunicación, haciéndoles culpables de haber interpretado mal su texto y subrayando que no han intentado en ningún momento responsabilizar al ayuntamiento. Desde luego esto denota una falta de seriedad en la actuación, aunque bienvenida sea que la polémica haya sido zanjada entre vecinos y consistorio, pero nunca debiera haber sido a costa de cargar la responsabilidad a terceros.

Por otra parte, posiblemente, a partir de ahora, haya personas que comiencen a entender determinadas restricciones en este tipo de zonas, desde Parque Nacional y Natural a Reserva de la Biosfera, y también se eviten negligencias. Aún a los pocos días del incendio más grande registrado en la zona en más de siglo y medio, un senderista se encontró con restos de fuego el el ‘Chozo’ de Peñalara. No espabilamos, tampoco algunos políticos que, salvo los representantes de las administraciones que debían de permanecer en el puesto de mando por trabajo, sin tener que estar de allí, acudieron para hacerse la foto. Incorregibles...