Editorial

El coronavirus paraliza Italia y pone en alerta al resto del continente

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Las empresas tecnológicas que dieron la espantada en el Mobile World Congress de Barcelona hace un par de semanas han visto refrendada parcialmente su postura a tenor de los últimos acontecimientos. Cierto es que su gesto sonó desmedido, exagerado y tal vez escondía otros intereses ya que entonces nada hacía prever el desembarco virulento del coronavirus en la vecina Italia. Su propagación en menos de una semana ha puesto en jaque al país transalpino hasta el punto de cancelar el mítico carnaval de Venecia. La epidemia se extiende sin freno, orden ni concierto, y ofreciendo nuevas casuísticas que no atienden a los previsto por las autoridades sanitarias internacionales. La falta de patrones y lo imprevisible de la dolencia eleva el riesgo y también los miedos. Como consecuencia, cierre de escuelas, cancelación de eventos públicos, familias en cuarentena preventiva... en definitiva, la actividad cotidiana se ha visto totalmente condicionada. Son ya más de 130 positivos en cinco regiones y tres víctimas mortales, datos que se actualizan al alza con el paso de los minutos. La situación, que afectaba principalmente a China, germen del virus, a Corea del Sur y a Irán, ha dado el salto a un viejo continente que hasta hace una semana no vivía libre de temores pero sí de amenazas reales. 
El COV-19 no entiende de fronteras, tal como se ha puesto de manifiesto con el caso italiano. Tampoco están del todo claros los síntomas ni cómo se propaga lo que ya es una epidemia. La cercanía siempre enciende las alarmas. En este sentido, Fernando Simón se ha convertido en la voz de la tranquilidad y la sensatez en España, al menos en términos de comunicación. Apunta el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias que «no se investiga ningún caso en España» y que, de momento, no se baraja un cierre de fronteras para contener en virus. Simón ponía este domingo en valor la capacidad del país ante cualquier eventualidad al afirmar que España está preparada para «cualquier escenario posible». No obstante, no podía ser de otra manera, deslizaba cierta preocupación por la situación de Italia, por la proximidad y el flujo de población.
No tan comedidos se muestran desde la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuyo discurso tranquilizador inicial ha virado hacia una creciente alarma. La OMS advierte de que «se agota el tiempo para actuar» ante la expansión de la epidemia en Italia, Irán y Corea del Sur, con un aumento súbito de casos en cada uno de estos países. La inexistencia de una vacuna, que tardará en llegar, los aspectos desconocidos que todavía presenta el virus y su capacidad para propagarse son detalles que ofrecen dudas sobre el cómo poner freno a su expansión. Si el foco hay que situarlo en la seguridad de la población, no hay que olvidar los daños colaterales. De ello se ha encargado el FMI al señalar que está en peligro la recuperación de la economía, porque el coronavirus afecta no solo el tránsito de personas sino también a unas transacciones comerciales que tienen a China como actor protagonista a escala global.