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Víctor Arribas

VERDADES ARRIESGADAS

Víctor Arribas

Periodista


Sin preguntas

22/05/2022

Rendir cuentas es una expresión muy de moda en la vida pública española. La nueva política, esa que el tiempo ha diluido en tan sólo siete años como un azucarillo en el café, trajo cosas aparentemente atractivas y difíciles de criticar como la dinámica de los gobiernos de informar a los ciudadanos de todo lo que tendrían que saber durante un mandato. Así llegaron los dirigentes de la nueva hornada de aquél nefando 2015, y con estratagemas como ésta engañaron a los ciudadanos hasta que se les vio el plumero. Los que más transparencia prometían, los que presumían de tener las paredes de cristal, se regodeaban en la ocultación de datos, de bienes, de patrimonios y de tesis. Y filtraban las preguntas en las comparecencias informativas sobre el coronavirus, ésta sí esta no, éste medio sí pregunta y aquél se queda con las ganas porque lo digo yo. Éste hecho sin precedentes que vivimos durante la pandemia ha sido uno de los más lamentables de las últimas décadas en la política de comunicación del cualquier gobierno en nuestro país.

Ahora los tiempos han cambiado y la coyuntura obliga a otras restricciones. Ya no es necesario comparecer cada dos días durante dos horas a la hora del telediario para hablar de un virus contestando sólo las preguntas cómodas. Ahora hay un escándalo de espionaje a dirigentes independentistas que son precisamente los que sostienen la ¿estabilidad? del gobierno, hay un derribo deliberado de una de las instituciones básicas del Estado como es el Centro Nacional de Inteligencia, y la estrategia ya no puede ser filtrar las preguntas de los periodistas porque sería demasiado descarado, máxime cuando el autor de aquella tropelía está más cerca ya de las cámaras que de los jardines de La Moncloa. Ahora, directamente, el presidente no comparece ante la prensa, y asunto resuelto. Las cuestiones que le plantearían se antojan todas ellas difíciles de contestar: ¿quién espió su móvil?, ¿conocía y autorizó el seguimiento a los teléfonos de aquellos partidos con los que negociaba el voto en la investidura?, ¿tiene alguna estima por los servicios de inteligencia a los que acaba de someter al mayor de los escarnios con el cese de su directora por cumplir la ley y hacer el trabajo que le encargaron?.

El presidente lleva más de un mes sin escuchar la pregunta de un periodista. La última vez que lo hizo fue en Rabat, en aquella visita al rey de Marruecos en la que no explicó a qué acuerdos ha llegado con el vecino del sur. Desde entonces, una frase de complacencia ante las cámaras tras aprobarle Bildu el decreto de medidas urgentes por la guerra, y ni una respuesta más. La rendición de cuentas se ha transformado en rendición de la prensa.