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Una arqueóloga para conservar la Alcaldía de Segovia

D. A.
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Clara Martín aporta el plus de un perfil técnico del que carecía Luquero, pero está por verse su capacidad política con un Gobierno en minoría ante una oposición que no le piensa dar tregua

Clara Martín, en julio de 2018, cuando trabajaba como arqueóloga en las obras de San Juan; y el pasado 11 de mayo, en la Plaza Mayor. - Foto: Rosa Blanco

Clara Martín (Segovia, 1982), arqueóloga desde hace 18 años, política desde hace tres y militante socialista desde hace apenas uno, asume la Alcaldía de Segovia tras ser elegida el sábado con un doble reto: completar en poco más de once meses la mayor parte que pueda y sepa del trabajo pendiente de la etapa de Clara Luquero; y llegar a las próximas elecciones (28 de mayo de 2023) con mejores perspectivas de las que temen desde hace tiempo en su propio partido. Aún no está confirmado oficialmente que ella vaya a ser la candidata, pero esa es la idea. 

Puede pesar el desgaste de dos décadas de gobiernos locales liderados por el PSOE si no consigue dar la vuelta a la situación para presentar resultados positivos como aval de una trayectoria tan larga; y pesa también una coyuntura política nacional marcada por la recuperación del PP y el crecimiento de Vox.

En medio de un escenario tan complejo, en el cual al PSOE difícilmente le baste con una estrategia conservadora, Martín aporta un perfil técnico al cargo del que carecía Luquero, y además en ámbitos tan importantes para la ciudad como la arqueología y el urbanismo. No obstante, también deberá demostrar capacidad para liderar un Gobierno municipal sin mayorías plenarias aseguradas (más aún en año preelectoral) y para conectar con el ciudadano, cualidad esta última que siempre se valoró de su predecesora, junto con su iniciativa cultural, reconocida incluso por la oposición.

Bueno o malo, pero algo de sello personal tendrá tiempo de plasmar en el día a día, empezando por la reorganización del equipo de Gobierno que anuncie en próximas fechas. Con la salida de la exalcaldesa este sábado al dejar también su acta de concejala, queda pendiente que la recoja la sustituta a principios de julio (María Antonia Sanz, conocida por su labor enCCOO como responsable del área de sanidad), y está por verse a qué nivel se descarga Martín de sus competencias directas como concejala de Urbanismo y Patrimonio Histórico, sin dejar de llevar las riendas de proyectos clave que exigen experiencia. O a qué nivel plasma en la redistribución de tareas su deseo de que los más jóvenes asuman cada vez más responsabilidades. Ahí cobran protagonismo Miguel Merino (actual concejal de Obras, Infraestructuras, Servicios y Turismo) y Alberto Espinar (Cultura e Innovación), aunque no por ello dejará de ser fundamental la labor de Jesús García Zamora (portavocía, Hacienda y Desarrollo Económico, Empleo e Innovación), ni dejará de haber carteras sensibles en manos de otros ediles.

PRIORIDADES. Claro que la hoja de ruta de Martín no puede ser otra en esencia que la que habría seguido Luquero si no hubiera dimitido «por motivos personales». Proyectos nuevos hay muchos gracias a los fondos europeos pero, dentro de los que se pueden acabar antes de mayo de 2023, o marcar el mandato según lo que se vea para entonces, destaca el viejo objetivo de finalizar el Centro de Innovación y Desarrollo Empresarial (CIDE), el edificio del CAT, iniciado en mayo de 2011 con un plazo de ejecución inicial de 15 meses. El desarrollo urbanístico de la futura zona industrial de Prado del Hoyo, que se esperaba poner a disposición de las empresas a principios de 2022 y ya se habla de finales de este año o principios del próximo. El endurecimiento de las sanciones por actos incívicos que atentan contra el Acueducto, que se espera desde 2017 y también apunta a finales de este año. O la implementación de la zona de bajas emisiones en el recinto amurallado, que viene a ser la ampliación del área de tráfico restringido que ya se planteaba llevar a cabo en el plan de movilidad de 2008. 

Un punto claro a favor de Martín es que, de los cuatro proyectos citados, tres los lleva ella de forma directa desde el inicio del mandato en julio de 2019, por lo que no puede llevarse sorpresas negativas de inicio. Un punto en contra, que ninguno de esos proyectos se libra de mayores o menores lagunas y, según cómo evolucionen, pueden ahogarla a nivel político si no rema con habilidad frente a una oposición que no le va a dar tregua. Ni 100 días de cortesía ni 50 va a tener por parte de PP y Cs, mientras Podemos apunta a exprimir como nunca su papel de socio de programa, aunque no sin exponerse a ciertos riesgos. 

Por un lado, al partido morado le puede resultar agradecida esa posición intermedia por cómo le permite entrar y salir de las iniciativas del Gobierno municipal sin mochila propia. Y por otro, supone jugar con fuego por el desgaste que puede provocar en PSOE e IU, o incluso a sí mismo a la larga, cuando las opciones de la izquierda para seguir gobernando más allá de mayo de 2023 pueden pasar por el entendimiento de estos tres grupos frente a la pujanza del bloque de derechas.

Cierto que Martín también arranca con algunas bazas a favor: no tardará en inaugurar el centro cívico de Nueva Segovia; dispone de bonos comercio que repartir en próximos meses, así como de ayudas para paliar la pobreza energética o costear inspecciones de edificios; y difícilmente quedará un solo barrio sin nuevas obras de mejora urbana en estos once meses. 

La reurbanización de Padre Claret espera en otoño, así como la de Daoiz. Y no faltan otros proyectos prometedores para la ciudad en los que se irá avanzando, desde el ascensor urbano de San Millán a la regeneración del valle de Tejadilla, aunque no lo tendrá fácil para venderlos al final del mandato. Ni siquiera Prado del Hoyo será una realidad visible en mayo de 2023, aun en el caso de que para entonces esté encauzada la instalación de empresas allí.

Un proyecto también importante como los itinerarios ciclistas que ya se están ejecutando, en cambio, pueden jugar como una baza a favor o volverse muy en contra. Dependerá de cómo los acoja la ciudadanía, aunque su respuesta definitiva la dará en las urnas.