LA RAYUELA

Óscar del Hoyo

Periodista. Director de Servicios de Prensa Comunes (SPC) y Revista Osaca


Mar muerto

Playa de La Mota. San Pedro del Pinatar. El día amanece nublado, pero la temperatura es muy agradable para estar a mediados de octubre. Es sábado y varios vecinos y algún que otro turista pasean cerca de la orilla de este enclave natural único. Hay un olor extraño, intenso y un tanto desagradable. La imagen es dantesca. Miles de peces se amontonan moribundos entre el agua y la arena, creando una barrera fantasmagórica en el litoral. Anguilas, doradas, agujas y crustáceos se asfixian y tratan de buscar oxígeno de manera desesperada. Saltan, zigzaguean, se retuercen, como si se tratase de un baile siniestro que les lleva de manera inexorable hacia la muerte. 
¿Qué está sucediendo? Perplejos, los primeros en darse cuenta de lo que ocurre se llevan las manos a la cabeza. No dan crédito. Jamás habían visto un desastre en la zona de tales proporciones, casi bíblicas, y, de manera inconsciente, comienzan a grabar con sus móviles la agonía de buena parte de la fauna del Mar Menor. Vídeos que muy pronto se hacen virales en las redes sociales y que sirven para denunciar los desmanes que se dan desde hace décadas en la laguna de agua salada más grande de Europa. La agonía estremece.
El desastre registrado el pasado fin de semana en la comarca de Cartagena es un capítulo más de la nefasta gestión que están llevando a cabo las administraciones   -regional y estatal- en uno de los entornos de mayor valor ecológico de la Península Ibérica. Un buen número de informes científicos han alertado a lo largo de los últimos años del origen de la progresiva degradación de este genuino hábitat, criticando la falta de iniciativas y de medios para dar una respuesta. La connivencia y la falta de voluntad es sonrojante.
Si la inacción política ha sido una constante, la expansión urbanística incontrolada, alentada por el atractivo turístico, el desarrollo industrial y la multiplicación de las explotaciones agrícolas son las causas principales del deterioro de este diamante único del Mar Mediterráneo. El vertido incontrolado de aguas fecales de los pueblos cercanos, de residuos contaminantes de fábricas y embarcaciones, así como los fosfatos y nitratos procedentes de los fertilizantes que recibe el campo de forma indiscriminada han provocado un cambio radical del ecosistema, al fomentar el crecimiento de algas que se expanden de la misma manera que las plagas y que terminan por dejar sin oxígeno a toda la fauna marina. Este proceso, denominado eutrofización, ya había generado con anterioridad episodios que hicieron saltar las alarmas, como cuando el Mar Menor se transformó en esa sopa verde, debido al exceso y la proliferación de alimentos para las algas, que generó gran inquietud entre los bañistas al ser también perjudicial para el ser humano.
Mientras el Gobierno de Murcia, que se ha comprometido a elaborar el decreto Ley de Protección Integral de este enclave antes de que finalice el año, señalaba a las lluvias torrenciales provocadas por la DANA -la gota fría de hace un mes- como las responsables de la muerte masiva de peces, los ecologistas defendían que las inundaciones sólo habían multiplicado los efectos de algo que tarde o temprano iba a suceder, al tiempo que denunciaban a la Confederación Hidrográfica del Segura por no haber sido contundente ante el crecimiento del regadío intensivo en la zona y la ejecución de miles de pozos y desalobradoras ilegales. De momento, la Fiscalía ya ha abierto una investigación para aclarar las causas, recopilando los atestados realizados por el Seprona y las muestras que se recogieron para analizar por qué se produjo esa falta de oxígeno en el agua. 
Lo sucedido en San Pedro del Pinatar recuerda a la tragedia de la bahía natural de Portmán, la localidad portuaria de Murcia, considerada un paraíso natural, que se convirtió, por el vertido de residuos de las minas de la Unión, en un vertedero, que terminó por colapsar y cuya playa presenta ahora una imagen apocalíptica y sigue contaminada por metales pesados y otras sustancias de desecho. El Portus Magnus del Imperio romano continúa siendo hoy uno de los desastres naturales más importantes acaecidos en el Mediterráneo.
 Una moto acuática surca las aguas a gran velocidad, mientras algunos equipos de limpieza se afanan en retirar los miles de peces muertos que se acumulan en la laguna y un grupo de buzos saca varios neumáticos de sus entrañas. Los pescadores no han podido salir a faenar.Nadie quiere género que proceda de la zona. El Mar Menor, donde no hace mucho tiempo desovaban las tortugas en sus arenas, está enfermo y, pese a los avisos que está dando la naturaleza, la laguna de agua salada más grande del Viejo Continente se acabará convirtiendo, si nadie pone remedio, en el nuevo Mar muerto.