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El 'elginismo' en los monumentos segovianos

A.M.
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El arquitecto Merino de Cáceres aborda en una nueva publicación el expolio del monasterio de Sacramenia y la venta del claustro al magnate americano William Randolph Hearts

Retrato del arquitecto José Miguel Merino - Foto: Carlos Muñoz de Pablos

El arquitecto y profesor José Miguel Merino de Cáceres (Segovia, 1944) introduce en España la palabra 'elginismo',  un término acuñado por Lord Byron para definir  operaciones, generalmente clandestinas y con fuertes intereses económicos, de desmembrado o destrucción de edificios históricos, con traslado de sus piezas a distinto lugar.  El poeta inglés trataba de censurar la conducta del conde de Elgin que trasladó a Inglaterra mármoles del Partenón y de otras piezas de edificios antiguos de Atenas.

Merino de Cáceres ha dedicado gran parte de su carrera, comenzando por su tesis doctoral, en 1970, a denunciar estos expolios, lo que ha recogido en diferentes libros, como 'La destrucción del patrimonio artístico español. W.R. Hearst: 'el gran acaparador', que va por su octava edición, y la recopilación en torno a la historia y restauración –sin su claustro original, llevado a Estados Unidos–, de  'Santa María de Sacramenia, un monasterio entre dos continentes', que acaba de presentar editado por la Diputación Provincial.

El 'elginismo' sufrido por el patrimonio artístico español se produce entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX,  «un tiempo en el que un país pobre e inculto  hizo almoneda de su casa, vendiendo sus enseres al mejor postor,  rodeado de ventas y transportes clandestinos de monumentos, con dinero de por medio», afirma el arquitecto. 

El claustro de Sacramenia, ahora en Miami (Estados Unidos)El claustro de Sacramenia, ahora en Miami (Estados Unidos) - Foto: J.M.M.Aunque Segovia no ha perdido por esta práctica gran cantidad de monumentos, como Egipto, Italia oFrancia, sí  por efecto de la destrucción, como las iglesias que se derribaron para obtener ingresos y pagar al arquitecto que ordenó la Plaza Mayor de la capital, tiene dos ejemplos desgarradores. Uno es el claustro del Monasterio de Sacramenia, de los siglos XII-XIII, de los pocos ejemplos del císter, desmontado en 1925, para terminar en Miami, y otro, más grave si cabe, el ábside de la iglesia de Fuentidueña, de 1100, ejemplo de lo que va a ser el románico segoviano, que se traslada al museo 'The Cloisters', en Nueva York,  en 1958, como una cesión del régimen franquista por el ingreso de España en la ONU,  pese ser Monumento Nacional, desde 1931. Esta segunda historia será motivo de otro libro del arquitecto, en tres meses. 

Volviendo al 'Ciudadano Kane',  título de la película dirigida por Orson Welles,  sobre el personaje real del dueño del emporio periodístico  norteamericano William Randolph Hearst, su interés por el Monasterio de Sacramenia llega a través de Arthur Byne, considerado por Merino de Cáceres como «un trapisondista del arte, que vende fundamentalmente a Hearts, un coleccionista maniaco depresivo que compra sin ver las cosas y las almacena porque piensa en hacer un gran museo en el campus de la Universidad de California en Berkeley, que había financiado su madre». 

Su intención, que no llega a cumplir, es imitar a Rockefeller con 'The Cloisters' –llegó a comprar ocho claustros en diversos puntos a través dle escultor George Grey Barnard–, sucursal del Metropolitan Museum,  en el distrito de Manhattan, con dos millones de visitantes al año.

Byne –a quien Merino de Cáceres define como 'ladrón de guante blanco– no pudo conseguir a Hearts todo el Monasterio de Sacramenia porque el obispado argumentó que le pertenecía la iglesia, aunque como el resto de las dependencias se había vendido en la desamortización, en 1825, lo que quedó demostrado judicialmente por su último propietario, el editor de la revista 'Hola' Eduardo Sánchez Junco, que recuperó la iglesia, parte convertida en vaquería, con una inversión por encima de los 100 millones de pesetas, en base a un proyecto de Merino de Cáceres,  quien considera que ha sido uno de los trabajados más importantes que ha  llevado a cabo junto con el de maestro mayor del Alcázar de Segovia.  

Dividido en tres capítulos el arquitecto habla en su último libro de la historia del monasterio y su venta,  cómo pasa por varias familias: Cano. Guitián y Colorado, a quien fue director general de Comercio Exterior Ignacio Bernar, hasta llegar a Sánchez Junco, que es quien lo salva de la destrucción. 

 Hasta acabar como iglesia  de la Diócesis Episcopaliana del Sur de Florida,  el claustro pasa por varias manos desde que llega a Nueva York, en 1926 –30.000 piezas transportadas en 16 barcos que conformaban el claustro, la sala capitular, el refertorio y alguna otra sala  menor–, para llegar a unos almacenes del magnate en el Bronx porque el embalaje contenía paja contaminada con el virus de la fiebre aftosa.  Medio arruinado, trató de vender el claustro y otros seis más que había comprado pero no lo consiguió, hasta que sus herederos lo pasan a  unos promotores inmobiliarios que trabajan en el desarrollo turístico de Miami y, al final, a la  iglesia. 

Con especial detalle el arquitecto habla en el libro de la restauración de lo que quedó en Segovia, entre 1970 y 1979, coincidiendo con el centenario del Císter. Y se  salvó.