TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


Nevenka

09/03/2021

Veinte años después, cuando parecía haber caído en el olvido absoluto, Nevenka Fernández, Nevenka a secas, vuelve a ser actualidad. Un documental de tres capítulos sobre su otrora famoso “caso” ha reabierto memorias y, especialmente, ha puesto a la sociedad frente a un espejo deformante, aquel que, en el 2001, criminalizo a la acosada, Nevenka, y glorificó al acosador, Ismael Álvarez, el todopoderoso alcalde de Ponferrada y uno de los hombre más influyentes en el PP provincial y regional. Nevenka también era del PP y fue en la lista que encabezaba Álvarez. Guapa, joven, preparada, con carrera universitaria, miembro de una familia de empresarios bercianos, el futuro le sonreía, iba para arriba, tal vez con destino a la política nacional. Tras un breve idilio, la concejala decidió cortar. Fue demasiado para la “hombría” del señor alcalde, que inició un acoso constante. Nevenka entró en un calvario que la llevó a la depresión y, más tarde, a algo insólito para aquellos tiempos: denunciar su situación, primero en una rueda de prensa y, más tarde, ante los tribunales. A Nevenka la dejaron sola. Ponferrada apoyó a Ismael. El PP, el partido de ambos, se puso del lado del acosador. Hasta Ana Botella, la esposa de Aznar, se solidarizó públicamente con el alcalde. Aun recuerdo las caras de decepción de algunos destacados peperos (estábamos en las Cortes) cuando se supo que Álvarez había sido condenado. Antes circuló el rumor de que lo habían absuelto. Brillaron las sonrisas. Nevenka ganó pero perdió. Ponferrada le dio la espalda una vez más. Tuvo que marcharse de la ciudad y de España. El alcalde dimitió, pero hubo una manifestación a su favor y en los siguientes comicios, en una lista independiente, sacó cinco concejales. ¡Veinte años! Vuelve la historia de Nevenka para mostrarnos el peor rostro de la injusticia social. Hoy vive con su pareja y sus dos hijos en Gran Bretaña. No ha vuelto a Ponferrada. Quedan su ejemplo, su valentía y ese duro sabor amargo de lo mal hecho por parte de una sociedad que la abandonó a su suerte. ¿Aprenderemos?