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Corre, come, sufre

Nacho Sáez
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Jorge García, que participó en 2014, señala las claves para completar la carrera Madrid-Segovia, que se celebra este sábado

Corre, come, sufre - Foto: Rosa Blanco

Cómo es hacer una carrera de 101 kilómetros resulta difícil de explicar. Hace tiempo que completar una maratón se democratizó de la mano de los nuevos métodos de entrenamiento y del conocimiento cada vez mayor de cómo responde nuestro cuerpo a un desafío así, pero la ultradistancia se encuadran en otra dimensión. A ella pertenece la Madrid-Segovia por el Camino de Santiago, que se celebra este sábado con una participación de unos 400 atletas, según apunta la organización, que ha tenido que limitar las inscripciones por las restricciones del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama.

«Habrá segovianos seguro», apunta Jorge García, que la corrió en 2014 y que tenía previsto repetir en 2020, edición que se vio frustrada por la pandemia, aunque él realizó el recorrido de todas formas. Este atleta segoviano de 43 años conoce las claves de una prueba que alcanza un desnivel positivo de 1.884 metros. Comienza en la madrileña plaza de Castilla y finaliza a los pies del Acueducto tras atravesar la Sierra de Guadarrama por el Puerto de Navacerrada, Cercedilla, el Puerto de la Fuenfría y la Cruz de la Gallega.

La organización calcula que un diez por ciento de los participantes no cruzará la línea de meta porque no recogerá el dorsal o porque se retirará antes de finalizar el recorrido. 101 kilómetros que constituyen un muro, según Jorge García. «A pesar de no tener mucho desnivel, no dejan de ser cien kilómetros, que es difícil hacerlos», señala mientras muestra el dorsal con el que participó hace ocho años. Lo conserva en buen estado a pesar de las casi trece horas que estuvo corriendo con él aquel 20 de septiembre de 2014. 

Este trabajador de Dibaq espera que no sea el último que guarde de recuerdo de la Madrid-Segovia por el Camino de Santiago a pesar del sufrimiento que encierra. «Es una carrera que que tiene su trampa porque es muy 'corrible' durante todo el recorrido y, como no te controles un poco, puedes pagarlo al final», señala a la hora de diseccionar sus claves. Él tiene señalados dos puntos como neurálgicos: «El tramo que me pareció más complicado es el de entre Manzanares y Cercedilla. Empieza a amanecer, es mucho 'sube-baja', es un poco más monótono y la verdad que ahí se pasa mal sobre todo de cabeza. Y la última parte también se te puede hacer larga porque desde Fuenfría hasta Segovia es una bajada 30 kilómetros».

En esta carrera, el estado de forma cobra más importancia que la técnica pese a que parte se desarrolla por montaña. «La verdad es que hay mucha gente que hace la carrera con zapatillas de correr por asfalto normales y no tiene problema», remarca García. «Hay algún tramo que puede ser más complicado porque haya llovido o alguna zona así con surcos. En la parte desde Fuenfría hasta hasta que llegas a la Cruz de la Gallega, hay zonas con piedras, la calzada es un poco más rota y, si no llevas calzado adecuado, pues puedes tener alguna torcedura pero no es lo normal. Llevar bastones o no depende de cómo hayas hecho los entrenos. No hay subidas en muy muy muy muy empinadas ni muy largas. La única es la subida a la Fuenfría desde Cercedilla. Si vas un poco tocado, los bastones te pueden ayudar a descargar las piernas».

Sí que es imprescindible hidratarse y alimentarse durante la carrera. «Después de hacer varias carreras de este tipo, te das cuenta de lo que dice mucha gente. De que no hay que esperar a tener sed y de que no hay que esperar a tener hambre porque al final el cuerpo, lo puede pagar. Además te avisa y te dice que hasta aquí has llegado», revela este atleta, que pone el acento también en el carrusel de emociones que vive el corredor: «Al final una carrera que te lleva doce horas es un 'sube-baja de emociones. Sabes que vas a pasar momentos muy malos y tienes que estar preparados para cuando te lleguen, sobreponerte a ellos y seguir adelante».

Pero ninguna sensación es comparable a la de cruzar la meta a los pies del Acueducto, en su opinión. Para lograr llegar a ese momento recomienda una preparación muy perseverante. «Hay que salir a correr en días en los que a lo mejor no apetece porque hace malo, sacar tiempo de debajo de las piedras y tener el permiso de la familia», concluye.