En manos de ellas

Agencias-SPC
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Las mujeres blancas de clase trabajadora fueron clave en la victoria de Donald Trump en 2016 y ahora podrían ser también determinantes para un triunfo del republicano si Joe Biden no consigue convencerlas

En manos de ellas - Foto: Giorgio Viera

Latinos, afroamericanos, jóvenes, ancianos... Todos son colectivos hacia los que se han dirigido los candidatos a la Presidencia de Estados Unidos para tratar de recabar su importante voto. Sin embargo, dentro del variopinto electorado que acudirá a las urnas el próximo 3 de noviembre, hay un grupo esencial para las aspiraciones de ambos contendientes, principamente del demócrata, Joe Biden: las mujeres blancas de clase trabajadora, cuya afinidad hace cuatro años por el republicano Donald Trump en detrimento de su entonces rival, Hillary Clinton, resultó clave para la victoria del magnate.
Trump derrotó a la que se presentaba como favorita al triunfo por nada menos que 27 puntos porcentuales en 2016 en este grupo poblacional, repartidos entre estados clave que finalmente acabaron decidiendo las elecciones en favor del actual mandatario. Cuatro años después, su importancia no ha cambiado. Territorios en la balanza como Michigan (que el ahora inquilino de la Casa Blanca ganó por solo 10.000 votos), Wisconsin o Pensilvania dependen del respaldo de este grupo demográfico.
En 2020, las mujeres blancas sin educación superior siguen respaldado al presidente, pero el margen es mucho menor. En algunos lugares, la diferencia respecto a Biden se ha reducido a un único dígito, mientras que en otros el candidato demócrata adelanta a su oponente.
Por ejemplo, en Pensilvania, la ventaja de Trump se ha reducido a la mitad (de 20 puntos hace cuatro años a 10), según las encuestas, mientras que en Wisconsin y Minnesota, el mandatario va nueve y 19 puntos por detrás de su adversario. En Michigan, el exvicepresidente sacaría nueve puntos de ventaja al republicano. 
«Es imposible una revolución de clase trabajadora como la que ocurrió en 2016 a menos que las mujeres formen parte de ella», declara el encuestador demócrata Stanley Greenberg, consciente del impacto de la crisis en lugares como el condado de Van Buren, en Michigan donde el apoyo a Trump ha descendido significativamente, aunque todavía sigue considerado como un bastión del mandatario.
«Está siendo muy duro», explica una de sus residentes, Krystal Petty. «Muchas facturas, muchas colas para comprar», indica. Sin embargo, como muchas mujeres del condado, cree que el dirigente está libre de culpa. «Es tremendo. Solo quiere bajar el precio de los medicamentos para los diabéticos, como mis padres. Espero que después de contagiarse todo el mundo le vea como un ser humano», asegura.
El estratega republicano Alex Conant, por contra, cree que el magnate «excedió todas las expectativas» con este colectivo en 2016 y «en este ciclo no estamos viendo una repetición de los acontecimientos».


El factor pandemia

A su entender, dos factores juegan en contra del presidente: su incendiario comportamiento desde que asumió el poder y, sobre todo, que la mayor parte de estas votantes no aborrecen a Biden como despreciaban a Clinton. «Los demócratas se están beneficiando por tener un nominado que no cae tan mal entre los votantes de clase trabajadora. Y desde hace cuatro años los mensajes de Trump en Twitter han conseguido alienar a un número desesperadamente alto de mujeres votantes, quienes valoran mucho el carácter antes de depositar su voto», explica.
Jackie, jubilada de 67 años, se refiere precisamente a esta circunstancia. «Me gusta mucho cómo iba la economía antes de que toda esta pandemia ocurriera, pero no me gusta cómo habla Trump, cómo denigra a todo el mundo», explica la residente de Portage, en el lago Michigan, que se declara indecisa a la hora de depositar su voto. «Voy de un lado a otro, todo el rato», añade.
Hay que tener en cuenta además que las estadounidenses se han visto afectadas por el impacto de la pandemia. Muchas de ellas han tenido que quedarse en casa cuidando a los niños al mismo tiempo que trabajaban desde sus hogares.
«Son ellas quienes reciben las facturas, quienes determinan el plan sanitario para la familia, saben lo que cuesta cuidar del hogar. El caos que es Donald Trump está sentado ahora mismo en su mesa de la cocina», explica la encuestadora demócrata Celinda Lake.
Este mismo mensaje es el que ha escuchado la estratega republicana Sarah Longwell, ahora partidaria de Biden, a lo largo de meses de sondeos en estados clave. Muchas de las consultadas valoraban en muy alta estima el trabajo de Trump con la economía. «El problema es que ha llegado el coronavirus y los estados tradicionalmente republicanos han sido incapaces de controlarlo. La gente cada vez está más frustrada, y tiene ganas de cambio», asegura.