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Editorial

El rey emérito tiene una oportunidad para restañar parte del crédito perdido

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El regreso del rey emérito a España, tras 22 meses en Abu Dabi, debería servir para encauzar una de las situaciones más anómalas que han padecido y consentido nuestro ordenamiento institucional y la sociedad española: una pena de extrañamiento, sin que pese sobre él causa judicial alguna, al que fuera jefe de Estado durante casi cuatro décadas, motor de la transición, impulsor de la Constitución y protagonista esencial en la construcción de nuestra democracia. Don Juan Carlos tiene en este fugaz viaje otra extraordinaria oportunidad, tal vez la última, para restañar su dañado crédito ante los españoles y ante la institución que encarna su hijo. Si la deja escapar y desaprovecha la ocasión para disculparse o explicarse, corre el riesgo de acabar engullido de forma perenne por la decepción, y, lo que es peor, volverá a trabar los esfuerzos que el rey Felipe VI, primera y principal víctima de sus muchos excesos, sigue haciendo por recuperar el prestigio de la institución monárquica y quitar excusas a quienes siguen empeñados en terminar con la legitimidad histórica de la Corona. La respuesta de don Felipe, desde que llegó al trono tras la abdicación de su padre, ha sido la de la austeridad en sus comportamientos públicos y privados y la ejemplaridad en el cumplimiento de sus deberes constitucionales.

No ayuda que, antes de reunirse en Zarzuela con Felipe VI y la reina Sofía, lo primero que vaya a hacer en España el exjefe del Estado sea asistir a una competición náutica. De torpeza y escaso decoro dadas las circunstancias se puede tildar su participación en unas regatas en la localidad pontevedresa de Sanxenxo, donde le espera el velero Bribón del que es patrón. 

Que anteponga sus aficiones y sus amigos al resto de posibles y perentorias motivaciones de su vuelta entorpece cualquier intento de recuperación de parte de la reputación perdida en la última década y solo da munición a quien se afana sin éxito en intentar cuartear nuestra arquitectura constitucional, algunos desde el propio Gobierno. Volviendo a postergar el sentido del deber, la transparencia y la responsabilidad institucional contraviene de nuevo aquella forzada contrición de hace una década con su «no volverá a ocurrir» tras ser 'cazado' públicamente por primera vez al margen de la ejemplaridad. La expectación provocada por las filtraciones y condiciones de la visita de este fin de semana detonan la privacidad y discreción pactadas para su regreso, y los focos ya le apuntan. En su mano está aprovecharlos para expresar creíbles propósitos de enmienda y rendiciones de cuentas para intentar eludir que se otorgue carta de naturaleza permanente a la anormalidad de su exilio voluntario.