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En busca de rutas alternativas desde Segovia para el cereal

David Aso
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El sondeo de proveedores alejados de la zona en conflicto lleva al punto de preguntar por precios y agarrarlos al instante para intentar paliar la escalada de un mercado desbocado que cambia «cada hora», relatan desde Octaviano Palomo

En busca de rutas alternativas desde Segovia para el cereal

Octaviano Palomo comercializa y distribuye cereales, fertilizantes y materias primas para la industria agroalimentaria desde hace más de seis décadas. Supera los 70 millones de facturación anual, un volumen de negocio que sitúa esta empresa entre las seis más grandes de la provincia y en el top-30 nacional de su sector. La experiencia siempre fue un grado, pero el reto de moverse en el nuevo escenario es histórico, inédito en buena medida, tras la invasión rusa de Ucrania. Una agresión que sólo siembra tragedia y deja a ambos países fuera del mercado cerealista mundial, en el que son absolutamente claves. Al primero, por sanciones que en la práctica ya han interrumpido la mayoría de sus relaciones comerciales con el exterior; al segundo, porque hoy ve más tanques que tractores en sus campos. Y la reacción global, una escalada de precios salvaje por muchos motivos, empezando por el de la 'ley' comercial más básica, la no escrita pero siempre presente de la oferta y demanda. No en vano, cerca del 30% de las importaciones cerealistas de España, fundamentalmente de maíz, suelen depender de la zona en conflicto; un 70% en el caso del aceite de girasol; y toca buscar alternativas que tapen semejante agujero en medio de un mercado en llamas, con subidas incluso superiores al 30% en las últimas semanas.

Los cereales cotizan en los llamados mercados de futuros desde el siglo XIX, con referentes en las bolsas de París, Chicago o Londres. En ese marco se negocian contratos de compraventa a largo plazo, pactando un precio para una cantidad determinada a recibir en una fecha específica. En cierto modo se puede comprar sin dinero y vender sin tener mercancía, con el producto expuesto permanentemente a eventuales fluctuaciones derivadas de la acción o inacción de los fondos especulativos. Nada que no pase con el petróleo, el oro u otras materias primas.

«Hacemos seguimiento minuto a minuto y vemos una volatilidad altísima», explica el CEO de Octaviano Palomo, Pedro Palomo. «El primer día del ataque ya se dispararon los precios, al segundo bajaron un poco, y a partir del tercero no han dejado de subir». ¿Y esa volatilidad llega entonces al punto de que el precio que le dé hoy un proveedor ya no sirve para mañana? «Ya no es que no valga al día siguiente, es que puede cambiar incluso a la hora», asegura. ¿Hasta tener que cerrar las compras prácticamente en la misma conversación telefónica en que se pregunta por precios para prevenir? «Correcto, aunque contamos con proveedores habituales y no siempre es así», matiza.

En estas circunstancias, su nuevo planteamiento de base pasa por apostar más por la producción local e intentar volcarse en otros orígenes exteriores como los países bálticos (Letonia, Estonia y Lituania), pero la cartera de contactos de Octaviano Palomo es amplia.«En Europa tenemos agentes en prácticamente todos los países productores, y algunos trabajan casi en exclusiva para nosotros. Nos pasan precios, comparamos, vemos calidades, costes de fletes...». También es clave el cambio dólar-euro si toca escrutar mercados más alejados porque lo cercano deja de ser lo más asequible. Un origen competitivo como Inglaterra, por ejemplo, ha decaído desde el Brexit; mientras Rumanía y Bulgaria también están tocados porque ni armadores ni aseguradoras quieren saber nada que exija navegar por el Mar Negro.

Quedan también Polonia, Finlandia, Suecia... Incluso Sudáfrica ha obtenido en años pasados cosechas competitivas, según Palomo, que, como tantos otros actores del sector, apunta además hacia mercados al otro lado del charco como los de Argentina, Brasil o EEUU. «Aunque hay que tener en cuenta los costes de transporte, más ahora que el precio del petróleo también aumenta prácticamente todos los días, y las dificultades que suponen las elevadas exigencias de la UE para importar productos de esos países», recuerda. De ahí que el Ministerio de Agricultura haya pedido a la Comisión Europea que facilite la compra de cereales a Argentina, dejando de lado restricciones vigentes sobre fitosanitarios; o maíz y soja genéticamente modificados de EEUU y Brasil.

¿DESABASTECIMIENTO? «Uno de los riesgos que tenemos en el horizonte podría ser el desabastecimiento, por otro lado también derivado de la retención por parte de los tenedores de mercancía, que ante la incertidumbre prefieren actuar así, lo cual también provoca subidas de precios», continúa Palomo, si bien cree que España «cuenta con existencias para abastecer a las industrias hasta que llegue la nueva cosecha, con lo cual tampoco es que la situación sea de alarma en ese aspecto», relativiza, aunque todo depende de cuánto se alargue el conflicto bélico. El propio ministro de Agricultura, Luis Planas, coincidía en afirmar la semana pasada que no hay riesgo de desabastecimiento a corto plazo pero, al mismo tiempo, reconocía que en el puerto de Tarragona, la puerta más importante de entrada de maíz a España, había existencias para mes y medio. El tiempo dirá, así como la capacidad de adaptación de los distribuidores y, sobre todo, la evolución del conflicto bélico.