Editorial

La explosión en la planta de Tarragona exige una investigación profunda

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Una «bola de fuego», como aciertan a describir los testigos, sobrevoló el entorno de la planta de Industrias Químicas del Óxido de Etileno (IQOXE). Recorrió tres kilómetros hasta irrumpir en la vivienda en Torreforta de Sergio Millán, de 59 años, uno de los fallecidos en el suceso que sobresaltó al municipio de La Canonja, donde se encuentra instalada la factoría así como a las localidades cercanas, entre ellas Tarragona. Después se supo que el artefacto que invadió el inmueble era una chapa de hierro de una tonelada, presumiblemente, según las primeras hipótesis la tapa del reactor que explotó en la tarde del martes.
Tras la convulsión inicial, con el debido duelo por las víctimas mortales, dos de momento, y la atención a los afectados es momento de trabajar para devolver la seguridad a la zona y, de inmediato, iniciar las investigaciones de las causas del suceso así como la activación de protocolos de emergencia puestos en cuestión desde distintos ámbitos. Así, desde la Generalitat ya han denunciado que la empresa química no avisó del accidente con la consecuente tardanza de Protección Civil, que recibió el aviso por parte de los ciudadanos, en activar el plan previsto ante riesgo químico. Son varias las interrogantes que surgen en torno a la explosión de un tanque reactor de óxido etileno de 20 toneladas. La primera es las causas que originaron la deflagración que, junto al vecino del municipio cercano a la fábrica, sepultó otro cuerpo en las instalaciones de la misma. Este miércoles los bomberos procedían a la excarcelación del cadáver.
La prudencia debe prevalecer hasta que lleguen las primeras conclusiones. Repartir culpas, de momento, no sirve de nada, solo para poner en alerta a la población y bajo lupa a todo un sector, el petroquímico. Como primer paso, Cristian Lay, grupo extremeño propietario de la compañía, anunciaba la apertura de una investigación interna destinada a «detectar las causas del accidente y sus consecuencias». Junto a los motivos de la explosión del reactor es preciso, dada la cercanía de estos centros de producción con población civil, debatir sobre los pasos a seguir en caso de emergencia.El martes, puesto que la nube que siguió al estallido no se consideró tóxica, no se decidió hacer sonar la sirena a la que están acostumbrados los vecinos de la zona en los simulacros preventivos que ha venido realizando la empresa. Fue pasadas las siete de la tarde cuando Protección Civil ordenó el confinamiento de más de 300.000 personas en hasta siete municipios. También es necesario estudiar si ese sistema sonoro de alerta está acorde con los tiempos actuales.
Los sindicatos ya han alertado de cierta laxitud en las medidas de seguridad, una circunstancia que habían planteado previamente a la Generalitat. Ahora, los investigadores deberán poner el foco tanto en las causas de la explosión como en la reacción posterior, porque  la proximidad entre este tipo de industrias y los núcleos urbanos obliga a extremar, más si cabe, las precauciones.