Editorial

La hegemonía del PP y PNV es inapelable y los demás sufren las consecuencias

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Las elecciones autonómicas en Galicia y en el País Vasco dejaron ayer un escenario político con pocas variaciones en lo esencial, ya que dentro de unas semanas, cuando se constituyan ambos parlamentos, los candidatos a la investidura la lograrán con la misma facilidad con la que la obtuvieron hace cuatro años. El popular Alberto Núñez Feijóo se servirá de una mayoría absoluta holgada, de 42 diputados, y el nacionalista Íñigo Urkullu podrá disponer, previa negociación, de los votos del Partido Socialista de Euskadi para dar forma a otro Gobierno de coalición como el de la última legislatura.
La victoria de ambos presidentes en funciones es tan inapelable como previsible. De manera un tanto exagerada se había puesto el foco en ambos comicios como si su resultado pudiera interpretarse en varias claves. Por ejemplo, si la fortaleza del dirigente gallego sería suficiente como para visualizarle en un futuro próximo en Madrid, o conocer qué grado de desgaste podrían tener los socialistas en las urnas después de una compleja gestión de la crisis sanitaria del coronavirus y sus derivadas socioeconómicas. Sin embargo, difícilmente iban a poder extraerse conclusiones porque el resultado era muy previsible. En realidad, nada ha cambiado en lo esencial en los ciudadanos de Galicia y del País Vasco a la hora de ir a votar desde hace décadas. Escaño arriba, escaño abajo, los resultados han sido muy parejos siempre en las dos fuerzas principales de esas comunidades, sin que ningún otro asunto externo de los muchos que han jalonado esas legislaturas haya tenido repercusión. En definitiva, para saber si Feijóo puede ser un futurible líder nacional del PP no hacía falta esperar a los comicios.
Lo que sí va a abrir debates es lo que ha ocurrido en el PP del País Vasco, en el socialismo vasco y en Podemos con carácter general. Han salido tocados de las urnas. La coalición entre el PP y Ciudadanos ha deparado un resultado que habían anticipado la mayoría de las encuestas, pero no por previsible pasará desapercibido el mal dato de la estrategia pactada meses atrás entre Pablo Casado e Inés Arrimadas de concurrir en coalición en el caso vasco. Entre los dos han sumado menos votos y diputados que los obtenidos hace cuatro años por el PP el solitario. La suma no ha sido tal y obligará a revisar las estrategias, máxime en un contexto en el que Cs parece querer volver a tener protagonismo propio y no parecer una muleta del PP. Idéntico fracaso ha sido el del PSdG, incapaz de beneficiarse del hundimiento de Podemos en Galicia en favor del BNG, que también deja muy erosionado a Pablo Iglesias. Para los socialistas, una pequeña mejora hubiera sido suficiente para salvar el resultado, pero no haber arañado ni un solo escaño más evidencia su debilidad en este territorio, aunque no suponga un castigo a Sánchez.