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"Lo que más impacta son las explosiones"

Nacho Sáez
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El sindicalista Miguel Ángel Mateo, su mujer, Carmen, y otra pareja son cuatro de los segovianos que se encontraban en La Palma cuando el volcán entró en erupción.

El secretario general de la Federación de Servicios Públicos de UGT Segovia, Miguel Ángel Mateo, y su mujer, Carmen. - Foto: DS

Mariana Navarro y Miguel Pedrazuela barajaban La Palma y Sicilia para pasar unos días de vacaciones y en los dos ha entrado en erupción un volcán. Al final les pilló en la isla de Canarias, de donde regresaron este martes después de vivir un hecho histórico. Con la tranquilidad, eso sí, de saberse fuera de peligro y de haber estado solo de paso y no en vilo porque se encontraran en riesgo su casa y sus objetos personales. «Solo nos llevamos un pequeño susto cuando nos enteramos de que había empezado», cuenta esta pareja segoviana. Dispuestos solo a disfrutar de la estancia, cuando llegaron desconocían que se podía desencadenar una situación de emergencia que ha obligado a evacuar a miles de personas y que ha destruido centenares de casas: «Estando allí ya nos enteramos de lo que podía pasar, sobre todo a través de familiares que enseguida nos llamaron».

También les sorprendió al secretario general de la Federación de Servicios Públicos de UGT Segovia, Miguel Ángel Mateo, y a su mujer, Carmen, que al igual que Mariana  y Miguel visitaban por primera vez La Palma. «Había muchísimo turismo, sobre todo de jóvenes ingleses. Y los alemanes tienen muchas casas», apunta Mateo, ya de vuelta en casa tras unos días que asegura que «no voy a olvidar jamás». Se alojaban en Tazacorte, a unos diez kilómetros de la zona más afectada. «El domingo pasamos sobre las once de la mañana por la carretera que cortaron después a las tres de la tarde, pero cuando más miedo tuvimos fue los días anteriores. Del miércoles al jueves hubo un temblor y luego estuvimos haciendo turismo por paredes cortadas que no sabíamos si se iban a caer», relata.

Pero destaca «la información y la coordinación que nos hemos encontrado en todo momento». «La gente se ha volcado. Incluso nos llamaron de donde estábamos alojados para que nos quedáramos más tiempo si teníamos algún problema». Los turistas saborean el espectáculo, al contrario que los vecinos de La Palma. «Me dio muchísima pena la gente. Un señor alemán de unos 70 años nos decía llorando que había estado toda la vida trabajando para poder tener una casa allí y que creía que lo había perdido todo. Me levanté y le di la mano», explica Mateo.

Miguel Pedrazuela, con la nube de humo al fondo.Miguel Pedrazuela, con la nube de humo al fondo. - Foto: DS

Lejos de tener que cambiarse de alojamiento, su mujer y él pudieron hacer todas las fotografías que quisieron de una de las bocas y de un paisaje que se transformaba con el paso de los días. «El domingo se veían perfectamente cinco ríos de lava pero la erupción no era tan grande; todo el lunes estuvo sobre todo registrando explosiones y expulsando magma; del lunes al martes, cenizas; el martes al mediodía era como si llovieran cenizas; y el miércoles, había dos dedos de cenizas. Pero lo que más impacta es el ruido de las explosiones».

Coinciden en esa opinión Mariana y Miguel: «Y desde cualquier punto de la isla se veía la nube de humo». El día de la entrada en erupción tenían contratada una excursión de senderismo en el sur de la isla y se la suspendieron. «Estábamos por donde el volcán del Teneguía, el que entró en erupción hace cincuenta años, y escuchamos a gente hablar de lo que estaba pasando y nos fuimos rápidamente hacia el noreste, que era donde teníamos nuestra residencia», indican. Hasta el martes que regresaron a la Península continuaron haciendo rutas en coche y con mascarilla y admirando una isla «en la que ya se veían los efectos que tiene una erupción». «No creo que nos planteemos volver, hay muchos sitios por conocer», se despiden.

«De aquí a unos años sí que nos gustaría regresar”, dice en cambio Mateo, que en cualquier caso tiene a su alcance en Segovia vestigios de volcanes. La asociación Geología de Segovia ha recordado esta semana que la provincia conserva restos de rocas valcánicas de hace unos 240 millones de años. Una de esas evidencias data del tránsito entre el Cámbrico y el Ordovícico, hace unos 490 millones de años, cuando una cadena de islas volcánicas (parecido al actual archipiélago de Japón), expulsaba coladas de lava y cenizas que, millones de años después sufrieron el metamorfismo y se transformaron en algunos de los gneises (piedra centenera) que hoy en día forman parte de la Sierra de Guadarrama, especialmente reconocibles en sitios como Los Calocos en Vegas de Matute, Revenga y hasta en las rocas oscuras del talud de la entrada del aparcamiento del centro comercial Luz de Castilla.

- Foto: Carlos de Saá/ Efe