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Ignacio Fernández

Ignacio Fernández

Periodista


Tontolabas

18/11/2021

No lo entiendo, casi nadie lo entiende, pero lamentablemente nuestra sociedad es una pura contradicción: las autoridades te pueden obligar a ponerte el cinturón de seguridad pero no a vacunarte. Te pueden conminar a que no te tomes una copa en la calle o no fumes en público, pero nadie puede privarte de tu derecho a comparecer en el trabajo sin vacunar. Es más: si tienes un cáncer de pecho y te tienen que librar urgentemente de él es posible que te ocupe tu cama un negacionista moribundo. Tiene narices.
Llegados a este punto y como defensa no ya de la lógica, sino en defensa propia, los ciudadanos debemos reivindicar la segregación de los no vacunados a todos los efectos y con todos los predicamentos. Estamos a tiempo antes de que una nueva ola tuerza la campaña navideña y retuerza las camas públicas de los hospitales. Y además no debería ser algo que decretara cada comunidad a su albedrío, sino que tendría que ser el estado: nuevas reglas de autodefensa para unos ciudadanos que asisten impávidos al melindre cateto y criminal de los negacionistas. Necesitamos ser protegidos de aquellos que con sus actitudes perjudican a la sociedad al hacerse daño a sí mismos.
Esta es una situación nueva: pandemia, acelerón de vacunas express y necesidad de reanudar la economía. El Derecho tiene que aportar respuestas para la organización de la sociedad. Y la herramienta es la política, los gobiernos. Ya vendrán los partidos a pifiarla con sus slogans cortoplacistas y sus pamplinas tácticas. Pero la gente que quiere vivir con paz necesita ser protegida de estos primates tontolabas sin escrúpulos que deciden no vacunarse porque les sale de los bemoles. Pista. Pero ya. Que estamos de nuevo tocando el arpa mientras Roma crepita con la navidad al fondo.