ENTRE HOY Y MAÑANA

Juan Manuel Pérez

Periodista


Verano, verano, verano

11/07/2020

Así comenzaba uno de los hits de las guarderías de principios de siglo. La letra nos anunciaba a continuación que nos esperaba la playa y el sol. Lo del sol parece seguro. Lo de la playa está por ver. Y es que este verano del 2020 estamos asistiendo a una clase práctica de la ley de la oferta y la demanda. Encontrar un lugar tranquilo donde solazar durante las vacaciones cerca de alguno de los mares que rodean la piel de toro se ha convertido en otro mercado persa. La pandemia ha concentrado tanto la demanda en un tipo de oferta que hay quien pretende obtener en una semana los beneficios que no ha podido conseguir en los últimos meses.

Visto el percal en el turismo playero hay que aprovechar nuestra ocasión. La de la España de interior. Esa que ofrece al viajero otros placeres que van más allá de embadurnarse de arena o ponerse rojo como un cangrejo para poder después lucir moreno entre el vecindario habitual. Ha llegado la hora del veraneo más pegado a la tierra. De hacernos un vintage y recuperar aquellos estíos de los 70-80, cuando el pueblo era un bullir de niños y bicicletas. Cierto es que entonces los ríos no eran sospechosos y no había tantos reparos en darse un chapuzón. Ahora que la España vaciada se ha convertido en la España deseada no podemos desaprovechar esta oportunidad. Y aquí, Castilla y León las tiene todas consigo. Más allá de los enormes atractivos que nos ofrece el paisaje, el patrimonio o la gastronomía, es tiempo de disfrutar de los momentos. De los atardeceres, las noches a la fresca, los paseos persiguiendo el horizonte...Yo también soy de los que creen que el coronavirus no va a cambiar nuestra escala de valores y que la condición humana necesita tropezar en muchas piedras antes de enmendarse, pero hay que hacer de la necesidad virtud, aprovecharse de las circunstancias. Además, con un poco de suerte puedes disfrutar incluso de una larga caminata sin cobertura en el móvil. Les espero en los pueblos.