Tesoros en un cofre único

Patricia Martín
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Luciano Municio, en la Puerta de Santiago. - Foto: Rosa Blanco

'Los diez lugares' de Luciano Municio, arqueólogo territorial.

Luciano José Municio Gónzález (Segovia, 1958) estudió  Bachillerato en el Instituto de Enseñanza Media ‘Andrés Laguna’, cuando había todavía exámenes obligatorios de Reválida de cuarto y sexto(¡sin traumas!).  Es licenciado con Grado en Geografía e Historia por la UCM, en la especialidad de Prehistoria y Etnología. Desde el año 1987 ocupa el puesto de arqueólogo del Servicio Territorial de Cultura y Turismo de Segovia, puesto que alterna con el de encargado de los fogones de la cocina de casa, su principal hobby.

1. Casa Paco, Plaza de San Lorenzo. Recuerda que de muy chico le dejaban remover la limonada para las fiestas del barrio en el tonel que se ponía en la trastienda del bar, en su antiguo emplazamiento. Su abuelo Pepe, su tío Pedro, Paco, Vicenta, Paquito y Angelín fueron siempre una parte muy importante de su juventud… y de su edad madura. En Casa Paco y en el barrio de San Lorenzo mantiene excelentes amigos y ahora se le hace largo esperar cada año a que llegue el día de ayudar a cuajar la tortilla de mil huevos’ que el bar, ahora regentado por Jose, regala la víspera de la fiesta del barrio a vecinos y visitantes.
2. Librería Entrelibros, en José Zorrilla.  Ni tabletas, ni e-books ni otras baratijas electrónicas han conseguido desterrar al libro de papel de toda la vida. Siempre ha sido y seguirá siendo un auténtico lujo que colecciona ávidamente, y Jose y Carmen son dos libreros de los de toda la vida, auténticos «libreros de cabecera», consejeros y orientadores. ¡Y además de vender libros, también los editan! ¡Para nota, vamos!.
3. Convento de San Antonio el Real.  Está agazapado en un rincón de la ciudad, y queda casi siempre eclipsado por otros monumentos y excluido de las rutas turísticas convencionales, pero en su opinión es la joya no convenientemente valorada de nuestro patrimonio cultural y fiel reflejo de la importancia que una vez tuvo Segovia como capital indiscutible de la Corona de Castilla. 
4. La calle de la Plata, la plazuela de Santa Eulalia y el barrio entero.  Y esto por nacimiento. En este barrio vivió hasta que le llegó la hora de volar. Calles llenas de chicos jugando al bote para sobresalto de vecinos y paseantes, puertas abiertas sin recelos, (si merendabas donde tocaba por la hora, no necesariamente en tu casa). Ahora, se añora la sana relación de vecindad que existía en nuestros barrios no hace tantos años.
5. El espacio verde de la Hontanilla y la Alameda del Parral. Varios kilómetros de naturaleza pegada a la ciudad, pero a la vez aislada de sus modernidades. Y, a la vez, un observatorio singular de Segovia, lo más selecto de sus monumentos y sus más importantes referencias históricas y culturales, desde una perspectiva distinta y única, desde el exterior, y con una escenografía que califica de insuperable.
6. La calle de la  Sartén, hoy Antonio Machado. Fueron muchas, muchísimas, las tardes de su infancia que pasó en esta calle y en la carpintería que tenía su abuelo Pepe, intentando aprender los principios de su oficio y, cuando tocaba, viendo corridas de toros en un televisor en blanco y negro con dos únicos canales. Paco Camino, El Viti y don Antonio Bienvenida, entre otros. ¡Gracias, abuelo!.
7. Teatro Cervantes.  Como desgraciadamente ha ocurrido con tantas cosas buenas de Segovia, ya sólo un recuerdo de los más viejunos. Películas de estreno, el impecable Festival Internacional de Cine de Segovia y tantas otras cosas que terminó de borrar la piqueta sin justificación alguna y sin alternativas. El único escenario capaz de albergar una representación de el Lago de los Cisnes sin apreturas. Por cierto, de magnífico recuerdo.  
8. Los paisajes y el medio natural de la Serrezuela. Ya no le gusta perderse como antes, pero estos parajes de la Serrezuela le transmiten una tranquilidad sin límites y disfrutar de un inmenso bagaje cultural, histórico y ambiental con una sensación de total relajación. Y si puedes pegar la hebra con algún pastor y hablar de lo que de verdad merece la pena, «ni les cuento». Por no hablar de los cardillos, berros, setas y otras exquisiteces que se pueden recolectar según la temporada.
9. El antiguo molino del Puente Mesa, entre Veganzones y Cabezuela.  Los incluye por vínculos familiares, pero esta finca le ha proporcionado varios de los mejores momentos que recuerda  con la familia, con amigos o con colegas de profesión. Un sitio muy especial para sentirse vivo y en el que, si no hay que atender a un asado en las brasas o a otra cuestión de carácter gastronómico, siempre puedes dedicarse a la tranquila observación de pájaros y al disfrute de la naturaleza.
10. El retablo románico esculpido en piedra de la iglesia de Santiago, en Turégano. Sin duda este retablo románico, en la villa de Turégano, es un tesoro que incomprensiblemente no valorado como se merece, pero sin embargo es una pieza única del arte medieval de estas tierras. Su visita debería estar incluida de forma obligatoria en las rutas turísticas de la provincia.