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Editorial

Un control de los precios de los test de autodiagnóstico que llega tarde

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Aunque su repercusión sobre la presión hospitalaria es sensiblemente menor a olas precedentes, así como su mortalidad, este sexto embate de la covid, con la variante Ómicron como exponente, ha superado las previsiones de los gobiernos. Así se entiende que la única medida resultante de la Conferencia de Presidentes, en vísperas de las celebraciones navideñas, fuera la imposición del uso de mascarillas en exteriores. Cierto es que hay que convivir con el virus y que no se puede paralizar la economía, pero un exceso de flexibilidad y laxitud a la hora de fijar normas puede generar el efecto contrario. Solo la menor letalidad de la nueva cepa, gracias a la evolución natural del virus y al efecto de las vacunas, ha evitado otra tragedia.

No han sido estas navidades mejores que las anteriores. Las cancelaciones en el ámbito turístico se han multiplicado por el incremento de los contagios, las empresas se ven todavía sacudidas por las bajas laborales y buena parte de la población, pese a lo que afirme Sánchez, no ha podido reunirse con los suyos. La sexta ola ha colapsado el sistema de atención primaria y el autodiagnóstico se ha convertido en el primer dique de contención para frenar la expansión del virus. El desabastecimiento de test de antígenos, fruto de la falta de previsión, y el elevado precio de los mismos ha puesto en evidencia la huida hacia adelante de los gobiernos central y autonómico, que peligrosamente han bajado la guardia en fechas de reuniones familiares.

Con la pelota en el tejado de la población, España se ha convertido estas últimas semanas en un país de peregrinación de farmacia en farmacia, desbordadas por la demanda y víctimas también de los elevados precios de los test, desorbitados en comparación con países con costes comparativamente irrisorios o gratuitos. Incluso la vecina Portugal ha normalizado su venta en cadenas de supermercado de origen español que tenían vetada su comercialización dentro de nuestras fronteras. En el ámbito europeo, España solo ha encontrado rival en relación al importe de las pruebas en Italia.

Provoca cierto sonrojo el anuncio sobre la regulación del coste de venta al público de las pruebas hecho por Pedro Sánchez que también desveló ayer, en un entrevista concedida a la Cadena SER, la adquisición de 344.000 antivirales orales de Pfizer recomendados para pacientes sensibles. Ahora, cuando lo peor ha pasado, llega el control de los precios. Ahora que el suministro se ha normalizado y los costes, con el ajuste de la oferta y la demanda, cotizan a la baja. Una medida que venían demandando asociaciones de consumidores y partidos políticos y que debió ser abordada cuando Ómicron irrumpió en los países del entorno, llega ahora. Una muestra de la escasa capacidad de anticipación de un Gobierno que vive del éxito de la vacunación y elude el fracaso de los contagios.