Un paseo sentimental por Segovia

Patricia Martín
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'Los diez lugares' de Alfonso Martín Gómez, secretario de Acción Institucional de Ciudadanos

Alfonso Martín Gómez - Foto: PABLO MARTIN

Alfonso Martín Gómez (Segovia, 1965). Licenciado en Derecho. Sus primeras experiencias profesionales fueron en la empresa privada y después pasó a la gestión de empresas familiares y desde hace 4 años también a través de una consultoría energética. Durante cuatro  legislaturas, fue concejal en el Ayuntamiento de Turégano. Afiliado de Cs Segovia, dentro de su organización interna, fue Coordinador y en la actualidad es Secretario de la Junta Directiva y Secretario de Acción Institucional. Tiene una hija. 

1.El Fogón Sefardí. Le gusta su emplazamiento, en pleno barrio de la Judería. Disfrutar de la cocina tradicional castellana y sefardí adaptada a nuestra época. Sus tapas, con algunos toques innovadores, «son exquisitas».    
2.El comercio tradicional. Añora el comercio tradicional segoviano que eran auténticas instituciones y parte de la ciudad, que desgraciadamente se han ido perdido. Ahora nos invaden las franquicias y grandes superficies desprovistos de la personalidad que le daban los comercios de antes con sus dueños y dependientes, de los que ahora apenas quedan alguno.
3.El Mirador de Zamarramala. Segovia, en su conjunto, es un monumento al que considera no se valora lo suficiente, quizás por vivir aquí todos los días. Contemplar la ciudad desde el Mirador de Zamarramala es una estampa inigualable y ver en todo su esplendor la mayoría de los monumentos segovianos únicos en el mundo, con «nuestra» Sierra de Guadarrama al fondo. Hay tantos y tan espectaculares que es difícil elegir uno. 
4.El Barrio de San Millán. Desde los 12 años estuvo en la antigua Residencia de los Maristas (hoy Hotel Corregidor), junto a un montón de estudiantes de toda la provincia de Segovia, y desde allí caminaban todos los días al colegio. Grandes recuerdos y anécdotas en las aulas, de los  amigos y del Pinarillo. «¡Una gran época!».    
5.Las Hoces del Duratón y la Ermita de San Frutos. Ahora hay muchos más visitantes, pero hasta hace unos años era un remanso de paz, donde caminar contemplando la naturaleza, ver planear a los buitres que surcan el cielo hasta llegar a la ermita, a la que acceden innumerables peregrinos el día del patrón. Poder seguir las hoces que va dibujando el río Duratón es una aventura. Un lugar para ir sin prisa y, simplemente, disfrutar.
6.El Chorro de Navafría. Cuando llegaba el verano, sus padres, hermana, tíos, primos y abuelos pasaban muchos ratos en este idílico paraje de nuestra sierra. La paz que ofrece el ruido del agua al bajar río abajo, el agua helada de sus piscinas naturales, subir montaña arriba a intentar averiguar dónde nace el río, con su cascada, preparar la barbacoa y como no, comerse después unas buenas chuletas. Todo ello a salvo de las altas temperaturas del verano, rodeados de pinos y el olor a naturaleza.
7.La Cárcel-Centro de Creación. Un espacio singular por lo que representa. Sus exposiciones y, sobre todo, el microteatro y y la magia dentro de las celdas, son una experiencia única que te atrapan al saborear la cultura a pequeños sorbos. Llegar a imaginar la vida de los reclusos, sin espacio, sin luz, con humedad. Recrear la famosa ‘Fuga de la cárcel de Segovia’. Al ir pocos años atrás te das cuenta de cómo han cambiado nuestras vidas en tan corto espacio de tiempo.      
8.El Desfiladero de los Beyos (Asturias). Junto al Parque Natural de Ponga en los Picos de Europa, discurre parte del río Sella y a través de una carretera muy angosta y sinuosa llegas a pequeños pueblos, con historia, sus gentes y sus hórreos, sobre todo, en Espinaréu, una zona preciosa con el mayor número de estas construcciones tradicionales asturianas.
9.La Cuesta. Su pueblo, donde pasó su infancia y donde aún viven sus padres. Es muy pequeño y poco conocido pese a estar cerca de la capital. Desde lo alto de la Iglesia románica de San Cristóbal se divisa la inmensidad de la meseta castellana, Tierra de pinares y la Sierra de Guadarrama. Recuerdos del colegio, de las tareas del campo; la vida de pueblo, con sus montes de encinas y robles, sus prados llenos de fresnos, sus huertos y el ganado, que hoy apenas queda. 
10.La Senda de los Molinos. Transcurre a lo largo del río Eresma por todo el barrio de San Lorenzo. Un lugar muy bonito y desconocido, ideal para pasear.