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Editorial

La bonificación de los combustibles causará efectos inesperados

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La bonificación de 20 céntimos en los carburantes aprobada por el Consejo de Ministros entra en vigor hoy, pero las estaciones de servicio de todo el país no saben cómo se va a llevar a cabo al detalle. En grandes líneas, se enteraron de la puesta en marcha de la medida que pretende combatir el alza de precios por los medios de comunicación y se sorprendieron al conocer que los empresarios de las gasolineras tendrán que anticipar esa rebaja al repostar combustible cualquier ciudadano. Después será el Gobierno el que pague, pero no se detallaron plazos ni formas de la devolución.

Esta forma de funcionamiento tiene consecuencias derivadas que no siempre serán positivas para la economía española. El Gobierno intenta combatir la inflación, empujada por el aumento de precios de los carburantes, pero desde que se conoció la bonificación las estaciones de servicio incrementaron los precios y el consumo cayó a la espera de su entrada en vigor. Los empresarios de las estaciones de servicio denuncian que muchas tendrán que cerrar ante la imposibilidad de adelantar el pago de la bonificación, porque no tienen capacidad financiera ni liquidez para llevarlo a cabo. Son sobre todo pequeñas gasolineras que, en muchos casos, están ubicadas en el medio rural, con lo que sus márgenes de beneficio están muy ajustados.

En el horizonte se sitúa la amenaza de un cierre patronal en Semana Santa, ahora que el sector del transporte parece que recuperó la actividad después de que la Plataforma en Defensa del Transporte por Carretera haya cesado en sus protestas. Pero las grandes compañías petrolíferas también alertan sobre la dependencia europea de Rusia en gasóleo diesel y aseguran que de seguir la guerra en Ucrania el abastecimiento en buena parte de Europa estaría comprometido. España no tendría este problema, ya que sus empresas refineras exportan suficiente combustible, pero ahora mismo trabajan a su máxima producción ante el aumento de la demanda mundial.

El Gobierno debe estar ágil a la ahora de la devolución de esos 20 céntimos, porque de lo contrario se calcula que sólo con las gasolineras de bajo precio echarían el cierre unas 2.600 estaciones de servicio, a las que hay que sumar las de autónomos y pequeñas empresas. Las prisas nunca son buenas compañeras a la hora de tomar decisiones, pero el problema se agrava cuando esas decisiones se toman demasiado tarde. Países de nuestro entorno decidieron bonificar el precio de combustibles bien directamente, bien a través de una rebaja del IVA hace semanas, mientras el Gobierno de España miraba hacia otro lado sin gestionar una inflación que ya es galopante.