La Patrona no tiene flores

A.M.
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El Santuario de La Fuencisla va recibiendo visitas de los fieles con cuentagotas en relación a otros mayos floridos y aún viste el manto violeta del tiempo de Cuaresma

Algunos fieles en el Santuario de la Fuencisla - Foto: D.S.

En la alameda de La Fuencisla no hay el gentío de otros años ni los niños celebran allí sus cumpleaños, tampoco se ven peregrinaciones de colegios en el mes de las flores por excelencia, a María, la Virgen. El silencio y la soledad aún imponen, aunque los devotos de la Patrona de la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia, se van acercando poco a poco a su Santuario a los pies de las ‘peñas grajeras’, donde en soledad vivía el místico carmelitano San Juan de la Cruz, en el siglo XVI. 
Con la relajación de algunas medidas del estado de alarma,  este sábado se celebró una misa vespertina y,  el domingo otra Eucaristía. A partir de entonces, entre semana, las misas tendrán lugar a las siete de la tarde, todos los días, excepto los domingos, a las doce y media.
No obstante el templo que acoge a la Patrona no ha permanecido cerrado a cal y canto durante el confinamiento, aunque no se ha celebrado culto, ha estado abierto y han acudido a rezar sanitarios,  policías o conductores de ambulancias, incluso devotos al terminar su jornada laboral, según explica la superiora en Segovia de la nueva congregación de las Carmelitas Samaritanas del Corazón de Jesús, Ana Carmen del Redentor, de 32 años,  con seis religiosas, con una media de edad de 30 años,  españolas y latinoamericanas, que están al cuidado y limpieza del Santuario y residen en la Casa Rectoral, restaurada tras el desprendimiento de más de dos mil toneladas de rocas, en  2005. Estas monjas también se encargan de una tienda, en la portería del edificio, donde se pueden adquirir desde galletas y mermeladas, que elaboran en otras casas de la congregación, así como libros y recuerdos de la Virgen de la Fuencisla o pulseras y rosarios que realizan ellas mismas, así como formas para consagrar. 
El párroco del Santuario, Ángel Alonso, reconoce que, aunque todo está aún «muy triste», se va animando la presencia de fieles, con el aforo limitado a 54 personas, para que se mantenga distancia. Todas las bodas que se iban a celebrar en junio y julio han quedado anuladas, incluso alguna comunión que tenía lugar por alguna promesa y con licencia de la parroquia del menor  que iba a participa por primera vez del sacramento de la Eucaristía.
Aunque aún es pronto para hablar del traslado de la Virgen a la Catedral, para la novena, en septiembre, el presidente de la Cofradía Nuestra Señora de La Fuencisla, Julio Borreguero, no tiene claro de que se puedan celebrar estos actos, aunque la última palabra la tendrá el Obispado y las normas sanitarias del momento. La Cofradía ha aportado 5.000 euros para la compra de respiradores en el Hospital General, dentro de la campaña de los empresarios, y destinará una cantidad similar para Cáritas. 
Borreguero señala que, con motivo del estado de alarma, desde el miércoles de ceniza, la Virgen viste el manto violeta del tiempo litúrgico de Cuaresma,  que se tendría que haber cambiado el domingo de Pascua, lo que no fue posible, aunque puede que luzca el del tiempo Ordinario, verde esperanza con el Paraíso, a partir del uno de junio.
Cuando baja ahora al Santuario, Raquel Alonso, una de las camareras de la Virgen, tras dos meses de confinamiento, tiene una sensación de alegría pero, a la vez, de tristeza: «Las caras que se ven son tristes, ha habido un antes y un después de la pandemia, como en todos los ámbitos, quizá haya más devoción, nos ha cambiado a todos la vida,  incluso a unos más de cerca,  porque falleció mi padre». Con el lampadario más iluminado, prueba de que pasan más personas por el templo y depositan un pequeño donativo,  y la constancia de que hay quien aprovecha la hora del paseo para entrar y que han pedido que se cierre  más tarde, los jueves hay adoración,  de nueve y media a diez y media de la noche, y todos los primeros viernes queda expuesto el Santísimo. 
La religiosa recuerda impresionada cuando familiares de fallecidos, que no pudieron despedirse de sus seres queridos, por las restricciones, llevaban emocionados a la Patrona las coronas y los ramos de flores y le pedían que las recibiera como ofrenda a la Virgen, aunque no fueran de primavera.