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El túnel al final del túnel

Diego Izco
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El ‘Kun’ Agüero cuenta las horas para debutar oficialmente como jugador del Barça.

Resulta paradójico ver a un tipo risueño con la sonrisa torcida, pero es que Sergio Agüero ya ha vivido demasiado como para disimular: eligió Barcelona porque estaba Messi y, al poco de firmar, Leo se fue; y cuando tocó debutar, en el calentamiento del Joan Gamper, sufrió una lesión en el gemelo interno de la pierna derecha. Superado el primer túnel, el de la decepción de no encontrarse con su amigo, no había luz sino otro túnel, el de la lesión. Y la salida se demoró hasta esta semana, cuando Koeman organizó un amistoso contra un Tercera (el Cornellá) para descubrir que estos tipos enamorados del gol tienen una relación especial con las redes enemigas: el 'Kun' marcó su primer tanto de azulgrana en los apenas 30 minutos que pudo foguearse antes de su esperado retorno a la competición oficial. 
El Barça cruza los dedos porque, de una forma difícil de explicar, Agüero siempre fue un goleador 'distinto'. Como el añorado Romario, el 'nueve' de Buenos Aires ni parece tan potente ni tan eléctrico ni tan conectado al partido, pero todo cambia de forma brusca cada vez que el balón se acerca a posiciones de peligro. Cuando eso sucede, a este tipo de arietes de culo bajo y tren inferior poderoso se les inyectan los ojos en sangre y pasan de la aparente desidia al instinto asesino. Todo sucede en pocos segundos: en apenas uno o dos toques el marcador cambia. 

 

Niño precoz

Lleva haciendo lo mismo desde que le pusieron 'Kun' por su entusiasmo infantil por unos dibujos animados, 'Kum-Kum, el niño cavernícola', de la época en la que pateaba viejos balones en barrios humildes del gran Buenos Aires. Ese talento, pura calle, le llevó a Independiente con apenas nueve años: en Avellaneda forjó el génesis de su leyenda, cuando debutó (un 5 de julio de 2003) bajo las órdenes de Óscar Ruggeri, convirtiéndose (15 años y 33 días) en el futbolista más joven en Argentina desde Maradona. 
No fue la precocidad, sino su estupenda relación con el gol la que le ayudó a cruzar el charco y firmar, a cambio de 20 millones, por el Atlético de Madrid. En el Calderón dejó 101 goles en 234 partidos, pero también un mal recuerdo: de ser la estrella pasó a ser el villano cuando un 23 de mayo de 2011 anunciaba en su web que no volvería a jugar con el conjunto rojiblanco a pesar de que tenía contrato en vigor. La situación se resolvió con la llegada de Falcao y un traspaso de 35 millones al Manchester City, donde se convirtió un semidiós. 

 

En el City

Un arranque descomunal y una zancada extrañamente larga para unas piernas cortas ayudaron a desequilibrar la balanza hacia el este de Manchester. El United dominaba la ciudad con puño de hierro y 13 de mayo de 2012 el chico de Quilmes giró el timón: en el minuto 94 marcaba el 3-2 sobre el Sunderland y dio la primera Liga al City desde 1968. Agüero dejó Madrid para ganar títulos… y en Manchester ganó cinco Premier en 10 temporadas (15 títulos en total, incluyendo el pleno, ya con Guardiola en la 18/19, que nadie había logrado jamás: las tres copas inglesas y la Liga).
Dejó en el Etihad 260 goles en 389 partidos y atrás quedaron los tiempos de las grandes carreras por la banda o de la feroz presión como mediapunta, armas con las que coleccionó dos Mundiales sub'20 (con 17 y 19 años) y el oro olímpico de Pekín'08. Ahora es un cazador de corta distancia al que el Barça se agarra (sí, otra vez, a un pequeño argentino) para mitigar la baja calidad de su pólvora. Los grandes goleadores desaparecen esporádicamente muy a su pesar, una mala racha, una lesión, pero al final del túnel siempre vuelve a haber un gol.