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Jesús Fonseca

EL BLOC DEL GACETILLERO

Jesús Fonseca

Periodista


Dictadura global

13/03/2022

Fue Marx quien decidió una tarde gris, en Viena, mientras se tomaba un chocolate con strudel de manzana, en una cafetería destinada a burgueses acomodados y con posibles, que la religiones son puras patrañas y que lo único que hace avanzar al mundo son las estructuras económicas. Algo que los años han demostrado ser una ensoñación. Son más bien las convicciones espirituales de las personas las que determinan, a lo largo del tiempo, el comportamiento económico de los pueblos. No es cierto que sean únicamente los intereses económicos, el único factor de progreso de una colectividad. Hay más, mucho más. Otra cosa es que nuestros mandamás impongan el consumo como norma de felicidad, para transformarlo luego en una trampa, según advierte el portugués José Tolentino Mendoça. Me refiero a ese descontento y desafección, respecto a lo que es esencial, cuando sucumbimos al parque temático consumista que promete una satisfacción plena e inmediata imposible de cumplir. Si algo precisamos ahora mismo, son certezas compartidas, para así aupar una humanidad asentada en la paz y la justicia. En un planeta como el nuestro, que evoluciona a cada instante, la ponderación del bien es imprescindible para no naufragar. Arranquemos de la vida las pautas morales que nos humanizan y lo único que quedará será la jungla. A la vista está. Nos han convencido, amable lector, de que todo vale para hacer del vivir un camino de sólo rosas y champán; algo que, en principio, suena rebién. Pero que conviene separar el trigo de la paja, para no llevarse a engaño. La vida perfecta no se planifica en un laboratorio. Precisamente por eso, si algo no debemos tolerar, es que nuestro destino lo decidan quienes tienen el poder científico o el de la producción, descartando a unos de otros, al margen de toda ética. Los seres humanos no somos un producto más, que es lo que algunos pretenden. Eso contradice la dignidad y la libertad radicales del ser humano y nos conduce a una dictadura global de aterradoras consecuencias. En estos días en los que estamos asistiendo a acontecimientos tan estremecedores, conviene que nos preguntemos cómo se ha fraguado la vida de la hoy disfrutamos. No sería serio, por ejemplo, olvidarse del humanismo cristiano, que se encuentran en la base moral de la construcción de esta Europa de la Unión, junto a al compromiso firme por promover la paz y el bienestar social. Si negamos estos fundamentos, y no somos consecuentes con ellos, seremos prisioneros de la mercantilización y ahondaremos una vulnerabilidad vital sin salida.

ARCHIVADO EN: Dictadura, Viena