Editorial

Budapest y Estocolmo. Rusia, Hungría y Croacia. ¡Viva el fútbol!

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Este ha sido otro de esos fines de semana en los que la tarde del sábado y del domingo se ha llenado de partidos de fútbol. Profesionales y amateurs se han calzado sus botas y han saltado al césped, ocupándolo todo, hasta la sección de ‘Sucesos’. Porque este fin de semana, una vez más, nos enteramos de que en la ciudad de Valencia los ultras del Barça se han pegado con los del equipo local y  han reventado los aledaños del campo de Mestalla. Y en Barcelona, fanáticos del Athletic Club de Bilbao y del Espanyol se han liado a puñetazos en el centro del Cornellá. En ambas reyertas ha habido destrozos, heridos, identificados y detenidos. Patetismo por doquier. El fútbol, como siempre, todo lo ocupa.
Al mismo tiempo, en este fin de semana en Budapest y en Estocolmo otros deportistas españoles se preparaban para disputar varias finales en distintas disciplinas. Deportistas de élite, desconocidos para el gran público, sin tifos detrás de ellos. Deportistas que con esfuerzo y brillantez piden a codazos reconocimiento y portadas de periódicos, y que demuestran que el enfoque del deporte en España debe cambiar. 
Las chicas del waterpolo español derrotaron el sábado a las rusas y se convirtieron en campeonas de Europa. Además, se han ganado una plaza en los Juegos Olímpicos de este verano en Japón. En Estocolmo, el seleccionado de balonmano masculino ha conseguido el mismo premio que las ‘hidroguerreras’, al derrotar en la final al equipo de Croacia: oro y pase para Japón 2020. Y es que el deporte español no da abasto. No para de disputar fases finales y de codearse con la elite del deporte mundial en la gran mayoría de las disciplinas. Los chicos del waterpolo también jugaron en Hungría, contra el equipo anfitrión, otra final más. 
Y mientras tanto en nuestra sociedad española, moderna y deportista, ¿sabemos reconocer el mérito que tienen estos resultados? ¿Son conscientes los políticos de que el fomento del deporte en nuestras comunidades autónomas no pasa por tratar a todos los deportes por igual? Sin ir más lejos, y como dato significativo, todas las jugadores y jugadores de los equipos de waterpolo de nuestros dos seleccionados juegan en Cataluña, porque en el resto de España se juega poco a esto, por no decir apenas nada.   
¿Y las secciones de deportes en los medios, atienden como se merece la relevancia informativa de estos excepcionales acontecimientos? Todas son preguntas oportunas, hoy que ganamos. De la respuesta que les demos dependerá que sigamos viendo a deportistas españoles en lo más alto de los podios de todo el mundo. Se verá.