UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


El clima

La celebración estos días en Madrid de la cumbre mundial sobre el clima es una buena ocasión para conocer con más detalle la verdadera dimensión de los problemas que acechan al planeta como consecuencia de los diversos fenómenos que integran el llamado cambio climático. Basta con ver los datos más recientes, de este último año, que ha difundido la ONU con motivo de la cumbre para hacerse una idea de lo que está pasando. No pretendo abrumar con las cifras, pero que éste está siendo el año más cálido desde que hay referencias fiables, que la temperatura media del planeta subió más de un grado, que el aumento del nivel del mar, por efecto del deshielo de grandes masas polares, también subió, etc., etc., de eso no hay duda, porque son datos científicamente comprobados. Si me apuran, tampoco haría ?falta acumular muchas cifras para tener la evidencia; cada uno de nosotros lo percibimos de manera directa a cuenta de las olas de calor que hemos padecido, de las trombas de agua repentinas, del tránsito imperceptible entre las estaciones, y de tantas sensaciones que experimentamos ya con demasiada frecuencia.
La gran pregunta es si hay solución; o, mejor dicho, si todavía hay solución. Busco respuestas en las opiniones de los expertos y no me quedo nada tranquilo. Hay cierta coincidencia en que los niveles de contaminación y de emisiones insalubres a la atmósfera está en el origen el problema. Así que la solución que todavía pueda haber pasa necesariamente por reducir mucho y pronto esos niveles; y, para eso, hacen falta grandes compromisos y acuerdos. Justamente lo que no parece que vaya a producirse más allá de las proclamas preocupadas. Hay demasiado desarrollo y demasiado acomodo que se sustenta en el uso de energías contaminantes y no da la impresión de que haya una voluntad decidida de renunciar a nada de eso, al menos en el volumen suficiente para revertir el problema de manera significativa. Tal vez aún estamos pensando que el problema es de las futuras generaciones y que son ellas quienes deberán abordarlo en su momento. Y no es así; el problema ya es nuestro y aplazarlo más lo convertirá en fatalmente irreversible.