TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


Coronavirus

02/03/2020

Desgraciadamente, es la palabra de moda. Todo el mundo la tiene en la boca. Y hasta los que usan mascarilla las 24 horas del día son capaces de pronunciarla. Y lo hacen, por lo general, con el miedo pintado en el rostro y presente en cada una de las frases que pronuncian estos hombres-máscara. Ese es otro de los vocablos clave de la situación: miedo. Se está convirtiendo en uno de los grandes protagonistas del problema. Y parece llamado a serlo aun más. ¡Ojo!, no quiero decir que el coronavirus como tal no sea para preocupar, y mucho, sino que la psicosis de pánico que se ha extendido por doquier aumenta su gravedad y está trastornando la actualidad hasta extremos que hace unas semanas nadie hubiera imaginado. ¿Cómo pensar que una sociedad avanzada, satisfecha de sí misma, segura, vencedora de cualquier desafío podía entrar en fase de terror cósmico por un bichito que, según los expertos, es poco más que una gripe? No es fácil entenderlo ni explicarlo, pero ahí está. Y está provocando ya pérdidas multimillonarias en la economía mundial y amenazando con una recesión de consecuencias imprevisibles. Otra pregunta inquietante: ¿de dónde saldrán los dineros para atajar los daños monetarios que se han producido, se producen a cada minuto y se producirán si no llegan pronto buenas noticias? Que yo sepa, hasta ahora, nadie se ha planteado en público esta cuestión. Es lógico, porque lo esencial es el aspecto sanitario y el control de la epidemia, pandemia o como queramos llamarla. O sea, curar a los afectados, conocer el origen de la enfermedad y evitar su propagación. (Tiemblo al pensar que puede extenderse a países subdesarrollados y con una sanidad en precario). Pero no estorba ir reflexionando sobre los perjuicios económicos y sociales (cierre de fábricas, más paro, golpe brutal al turismo, sus pensión de congresos, competiciones deportivas, etc) y, de paso, buscar soluciones conjuntas. Me temo que esto va a ser complicado ya que, como suele ocurrir, cada uno hace la guerra por su cuenta. ¿No existe algún organismo internacional que pueda impulsar esta función?