TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Banderas a media asta

27/03/2020

Claro que me esperanzo, porque necesito la esperanza, cuando el portavoz del desastre trata de animarnos diciendo que algo, algo, ha disminuido el número de muertos, aunque lo peor no ha pasado. Claro que no ha pasado, por cierto: mire usted las últimas cifras. Otro record del horror. Pero no quiero considerar a nuestros muertos -y tan nuestros_como una mera estadística, parte de la curva ascendente o descendente de la tragedia. Sobre todo, no quiero acostumbrarme a ese parte diario: hoy, menos muertos que ayer, pero más que mañana. O al revés, como, lamentablemente, fue ayer el caso. No podemos perder la sensibilidad, abrumados por los números terribles: cada uno de los fallecidos es nuestro padre, nuestro abuelo, nuestro hermano, nuestro hijo. Cada uno es una tragedia individual, que deberíamos hacer colectiva.

Considero una buena iniciativa la de algunos políticos madrileños y de algunos otros sitios: colocar las banderas a media asta, en señal de luto, por nuestros muertos por el coronavirus, cinco ya mil desde que empezó el conteo. Si ese no es un motivo luctuoso, ya me dirá usted qué lo es. El dolor no se socializa: es el de cada hijo que pierde a su padre y no puede ni siquiera velarle, el de quienes se arraciman en los hospitales, el temor de quienes piensan que a ellos no va a haber lugar ni material para atenderlos convenientemente.

Quiero, necesito, recibir noticias positivas en el sentido de que ya estamos comenzando a bajar de la cima; espero que así acabe siendo muy pronto Pero no hagamos política con los muertos. Ni para decir que esto va a peor porque unos lo están haciendo mal, ni para aseverar que va a mejor porque lo estamos haciendo bien. A nuestros muertos, luto en el corazón, lágrimas en los ojos y la promesa de que no les olvidaremos, inmersos en la estadística horrible. Y, para recordarles, y recordarnos a nosotros que siempre estarán en nuestros corazones y que tenemos que hacer cuanto podamos para frenar este espanto, ya digo: banderas a media asta mientras dure este castigo bíblico. ¿A qué esperamos para darles al menos, qué menos, este homenaje?