DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Abanderados

22/05/2020

Continúa en progresión geométrica el desprecio a los muertos. España se acerca a los treinta mil muertos por el efecto de la pandemia. Cifra aterradora e inquietante porque sabemos que no es el final, que el descenso de fallecimientos, afortunadamente, eso sí, supone un alivio estadístico para la población, pero en absoluto el consuelo para las familias que directamente han sufrido los efectos letales del virus. Los políticos que dicen representarnos se dieron cita con el objetivo de decidir sobre la prórroga del Estado de Alarma, la conveniencia o no de seguir utilizando este instrumento jurídico en la batalla contra la propagación de la enfermedad. Un fraude. No justificaron el sueldo. Ni una sola propuesta diferente a la presentada por el Gobierno. Nadie entre los que votaron en contra esbozó una alternativa. La pandemia fue únicamente la excusa para escenificar su enfermedad de poder.
Baldoví (Compromís) votó en contra por su desacuerdo con el reparto 16.000 millones entre las autonomías. Casado tampoco habló de salvar vidas, sino de lo gratificante que le resultaba comprobar la pérdida de apoyos al presidente en esta nueva prórroga: «Cada votación es un suplicio y lo que le resta de Legislatura será un calvario». Vox enfatiza que Sánchez utiliza el estado de alarma para crearse un Estado totalitario a su medida, con 47 millones de españoles secuestrados en sus casas, o los que queden tras la campaña de «asesinatos» que Abascal endosa directamente a Sánchez y que escuálidos pero ruidosos grupos de extrema derecha celebran aporreando cazuelas en la calle. Rufián, en fin, advirtió que él no estaba allí para hablar de la pandemia y que su voto en contra podía ser considerado el anticipo de un desencuentro mayor, la ruptura del acuerdo de investidura.
De poco parecen servir las voces que llaman a la cordura. Como Ángela Fernández, enfermera que hablaba a través de las redes sociales de su experiencia en los hospitales y advertía dramáticamente del riesgo de contagios en estas manifestaciones ilegales: «Por vuestra culpa morirá gente». El pintor Karlos Viuda le añadía el punto poético de toda tragedia: «Hoy he visto hombres abanderados… o eran jinetes del apocalipsis». Sí, también nos roban la bandera.