TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


De Ormaechea a Alguacil

27/10/2020

La Real Sociedad no sólo es el equipo más joven del campeonato: también es el líder, el que más goles marca y el más divertido de la Liga para cualquier espectador que ame este deporte. 
Cada vez que enfocan a la banda, aparece ese señor que fue un espigado lateral derecho en los noventa, un enamorado de la cantera, un tipo de perfil bajo, gesto de buena persona y loco por hacer algo grande como en su día hizo Alberto Ormaechea. Ormaechea fue el entrenador de aquellas míticas Ligas del cuadro ‘txuri-urdin’ en 1981 y 1982. En el calor de contraste del viejo Anoeta, con mitos como Arconada, Górriz, Celayeta, Kortabarria, Perico Alonso, López Ufarte, Satrústegui o Zamora, el técnico de Eibar permaneció siempre en un discreto segundo plano, entregando el fútbol a los futbolistas, dejando que el foco fuese para otros mientras él se empeñaba en una sola cosa:hacer bien su trabajo, o sea, que los jugadores encontrasen el lugar y el ambiente adecuados para expresar todo lo que tenían en las botas. 
Alguacil pertenece a esa escuela de entrenadores a los que no hacemos caso porque hay otros más gritones, más mediáticos o más divertidos que reclaman para sí toda la atención. Y sin embargo, ahí está la Real. Plagada de muchachos que con veinte añitos, poco menos, poco más, juegan en la elite con el aplomo de veteranos con mil heridas. Buscando afuera (Silva, Merino, Isak...) complementos perfectos para lo que cultiva en los campos de Zubieta con mimo, mucha paciencia y cariño. 
Hace 40 años, pocos apostaban por la explosión del equipo del triste Ormaechea. Una tristeza relativa: llámenlo normalidad. Sentido común. Lo que hoy se le cae a Imanol Alguacil de los bolsillos, porque le sobra. Como la licencia para soñar.