CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Fronteras

27/05/2020

Las políticas que impone La Moncloa provocan, por igual, escándalo, tristeza y estupor, desde el acuerdo con Bildu a las promesas económicas incumplidas, la pésima gestión del corona virus con el remate de que nos están engañando con las cifras o la intromisión del gobierno en cuestiones judiciales. Se comprende la dimisión del número dos de la Guardia Civil tras el cese de Pérez de los Cobos, hay cosas que no aguanta ni un guardia civil, y eso que sus miembros andan sobrados de aguante. Pero no son ingenuos, y ni han creido que el cese de Pérez de los Cobos respondía a una remodelación habitual ni, tampoco, que fuera casual que “tocara” que el Consejo de Ministros aprobara la equiparación de salarios con la Policía.

Más allá de estas políticas intolerables, lo que más preocupa a millones de españoles, en la falta de criterio sobre las fronteras. Incluso las fronteras nacionales: la imposibilidad de moverse entre provincias es un golpe más para la principal industria de este país, el sector que da trabajo a mayor número de españoles: el turismo.

España ha cerrado a cal y canto sus fronteras para aquellos que no quieran perder 15 días de sus vacaciones encerrados en un apartamento o en la habitación de un hotel para cumplir la cuarentena. Dice el gobierno que finalizará esa medida el 1 de julio, pero lo que dice el gobierno vale lo que vale: nada. Igual se anula la cuarentena el 1 de julio, que dentro de dos días o a mediados de agosto; los bandazos de Sánchez son el pan nuestro de cada día, como si nadie en Moncloa hiciera las cuentas de lo que suponen esos bandazos. A ver quién reabre un negocio o hace una reserva sin tener la certeza de que se van a cumplir los proyectos y mantener los calendarios.

Italia, Portugal y Grecia han abierto sus fronteras, aunque Macron ha respondido a Sánchez con la misma moneda: los españoles que viajen a Francia tendrán. Son países con gobernantes que piensan en le economía de su gente y en su forma de vida, y han hecho un esfuerzo inconmensurable para poder abrirse nuevamente al exterior con las medidas sanitarias que aconsejan los expertos, mientras Sánchez se dedica a hacer políticas que avergüenzan a quienes creen en la inviolabilidad de las instituciones, la independencia de los tres poderes, y el compromiso con la palabra dada. Se avergüenzan porque, desgraciadamente, son puntos esenciales de las democracias que hoy no se cumplen en España.

El gobierno culpa a los ciudadanos del cierre de fronteras porque incumplen las normas. Alguno habrá que las incumple, pero los españoles, en estos meses de sufrimiento, han dado ejemplo de madurez, disciplina y sentido del deber. Por no hablar de la solidaridad hacia sus semejantes, sin ella no se habría superado esta crisis. Ese ejemplo ciudadano no se ha visto, ni de lejos, en la mayoría de los miembros del Ejecutivo.