COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Llega el Apocalipsis

Las conversaciones para la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno entre socialistas e independentistas catalanes con la intermediación del líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, aun sin conocerse los términos en los que acabará concretándose, ya se da por hecho en muchos círculos que serán nefastas para el devenir de España, pese a que el líder de Unidas Podemos es un converso constitucional y el propio Pedro Sánchez ha recurrido a la obviedad de que el acuerdo se cerrará en el marco de la ley, lo que también se le ha recriminado, a pesar de que es lo único en lo que no ha cambiado de opinión desde que es líder de los socialistas y en ese sentido mantiene el mismo discurso de Mariano Rajoy, quien afirmaba que nada podía decidir sobre la soberanía nacional que correspondía al pueblo español.

La posibilidad de que se concrete un gobierno de PSOE y UP, más algunos partidos regionalistas de probada españolidad, con el apoyo de los nacionalistas vascos y con la abstención de ERC, es percibida por quienes se oponen a este experimento inédito como la cabalgada de los nuevos jinetes del Apocalipsis que van a acabar con la nación española, a lomos de la plurinacionalidad, la sustitución del régimen del 78 con el fin de la monarquía y el advenimiento de la III República, y la conjunción de comunistas e independentistas para la destrucción de las bases políticas, sociales y económicas que han permitido los mejores años de la historia reciente del país.   

Está por determinar si tanta perfidia contra el ser de España está ya fijada en una hoja de ruta que habría diseñado el líder de Unidas Podemos en sintonía con los encarcelados de Lladoners, que estaría recogida en una moleskine con sus pasos políticos y su presión callejera, la apertura de las cárceles para los condenados por sedición y la prevista rendición con armas y bagajes del resto de partidos que permanecerían inermes e inertes ante el desmantelamiento de instituciones sociales y políticas, sin que la mayoría de la ciudadanía tuviera algo que decir al respecto. Como si no hubiera un sistema político que si se caracteriza por algo es por el ejercicio de la democracia a través de las urnas, que nunca permanecen mucho tiempo guardadas, y por las salvaguardas constitucionales establecidas para que se impida llevar a cabo cualquier cambio de entidad si no es por un abrumador consenso..   

Un dique también contra las excesivas ambiciones personales de los dirigentes políticos, Sánchez e Iglesias, que van a estar al frente del Ejecutivo si se concreta el acuerdo con ERC –tan cerca y tan lejos- a quienes se presenta como los desmanteladores del régimen del 78, por heredero del franquismo con particular inquina hacia Felipe VI, sin tener en cuenta que los pregoneros del apocalipsis pueden ser tan desestabilizadores como aquellos, al manifestar una desconfianza en la fortaleza de las instituciones, de forma interesada, para aparecer como los salvadores de un sistema político que como todo en la vida es perfectible, y que tiene que caminar hacia mayores cotas de igualdad entre los ciudadanos.  

La izquierda ha ganado las elecciones y le correspondería a la derecha aceptar el veredicto de las urnas y ser el jinete blanco que evitara las desgracias vaticinadas sobre el modelo territorial.