UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


El Eurogrupo

13/07/2020

Más allá de los análisis de todo tipo que se hacen y se harán sobre el resultado de la votación europea en la que fue elegido para presidir el Eurogrupo el candidato irlandés, frente a la candidata española, y sobre el significado de la votación, hay una cuestión de fondo que no pasa desapercibida. Aparte de que es una verdadera pena que la candidata española, perfectamente cualificada y con experiencia contrastada, no resultara elegida, precisamente en un momento en el que las tendencias de política económica van a ser decisivas para la orientación de las ayudas europeas a la reconstrucción, llama mucho la atención el alineamiento que se ha producido en la elección, de un lado y de otro.

Por un lado, estaba un grupo de países que representa en torno al 80% del PIB europeo, o sea, un elevadísimo porcentaje de la riqueza y el poder económico dentro de la Unión. Nada menos que Alemania, Francia, Italia y Portugal, estaba esta vez con España, en apoyo de nuestra candidata. Durante años y años hemos añorado acercarnos al eje franco-alemán, que influía decisivamente en las decisiones comunitarias, y esta vez, que hemos estado ahí, y ellos con nosotros, no ha sido suficiente. La suma de países miembros de menor potencial, de menor tamaño, de menor peso, ha sido decisiva para que ganara el candidato irlandés, parece que de tendencia más conservadora, y menos dispuesto a promover estrategias de ayuda sin rigurosas contrapartidas.

La alianza de los pequeños, la suma de los débiles, la coalición de los humildes, la rebelión de los menos poderosos; de todo eso se ha hablado con cierto asombro, porque no era frecuente que no saliera adelante lo que apoyaran a la vez Alemania y Francia. Puede parecer extraño, porque la explicación tampoco es pura y simplemente ideológica; basta comprobar que en ambos bloques hay de todo. La cuestión es otra; es probable que la conjunción de intereses de ese bloque, temeroso de que los grandes, que son comparativamente los que más han sufrido los efectos de la pandemia y la crisis derivada, impusieran ahora fórmulas que conllevan sacrificio y contribución para todos, hayan querido mostrar sus cartas y sus intenciones. Si es así, no es buena cosa. Pero también es una lección a aprender que a veces no baste sólo la alianza de los fuertes.