LA RAYUELA

Óscar del Hoyo

Periodista. Director de Servicios de Prensa Comunes (SPC) y Revista Osaca


Ética y estética

31/01/2021

Todo comenzó hace 15 años cuando Rubén Doblas subió su primer vídeo a YouTube. Lo que hacía básicamente era entretenerse con un videojuego y comentar sus partidas, donde el humor, las bromas y el lenguaje soez formaban parte de su atractivo. Al principio, sus apariciones eran esporádicas, pero, en un período corto de tiempo, su canal empezó a tener infinidad de seguidores, coincidiendo con la irrupción del fenómeno de los influencers. Fue un adelantado a su tiempo, al menos en España, donde apenas tenía competencia, no cómo hoy que son decenas de miles los jóvenes que intentan vivir de ello. La dedicación y el desparpajo le permitieron que varias de sus creaciones se hicieran virales entre todo el universo hispanohablante, lo que provocó que su fama se expandiera entre los más jóvenes, atrayendo continuamente a suscriptores de forma desorbitada.
Lo que empezó casi como un divertimento, como un hobby para pasar el rato, convirtió a El Rubius, estudiante de animación y modelado en tres dimensiones, en uno de los personajes más admirados por el público de los contenidos de las principales plataformas y terminó por transformarse en un modus vivendi que genera al año una ingente cantidad de dinero. Mansiones, coches de lujo... Las cifras que se manejan sitúan sus ingresos como videoproductor y streamer en Twitch, ese canal de internet con retransmisiones en directo que es mucho más que una red social y que algunos vaticinan que pronto contará con más espectadores que la televisión convencional, en más de dos millones y medio de euros.
Doblajes, cameos en películas, anuncios y la asistencia a galas, presentaciones y promociones se unieron a sus videoblogs, chats en directo, donde interacciona con la gente, y llamativos retos -los conocidos como challenge- con sus seguidores. Rubén se erige en un auténtico icono, un ídolo para una buena parte de toda una generación que ha pasado su adolescencia siguiendo las andanzas de este treintañero nacido en Mijas. En su canal de YouTube tiene 39,5 millones de suscriptores, lo que le sitúa como el séptimo youtuber más importante del planeta y, con mucha distancia, en el generador de contenido nacional más popular dentro de la plataforma.
La polémica llegó hace escasos días y nada ha tenido que ver con sus vídeos, sino que se ha generado por la decisión que él mismo comunicó en uno de sus directos, anunciando que dejaba España para, como han hecho algunos otros youtubers, mudarse a Andorra. «Llevo 10 años de mi carrera pagando aquí. Yo sé que habrá gente que me critique, pero no me preocupa», zanjaba El Rubius, que sostenía que la principal razón para salir se basaba en que muchos de sus amigos vivían allí, aunque dejaba caer que la parte económica también había influido a la hora de inclinar la balanza.
Rubén no es el primero ni tampoco será el último. La elusión fiscal, que no evasión, es algo que llevan a cabo desde hace décadas actores, cantantes y deportistas españoles, que ven cómo tienen que pagar a Hacienda una parte importante de sus salarios y deciden establecer su residencia en países  donde las ventajas tributarias son tentadoras. En Andorra el IRPF que se debe abonar por los ingresos derivados de los rendimientos al trabajo tiene un tipo máximo del 10%, mientras que en España las retenciones que se aplican a partir de los 300.000 euros llegan al 47%. Es decir, uno de los youtubers más famosos del mundo abonaba cada año más de 900.000 euros en impuestos en territorio nacional y ahora su desembolso se acercará a los 250.000. La diferencia es brutal.
Mucho se habla sobre la inestabilidad que provoca entre la población más pudiente y los posibles inversores la política fiscal sobre las rentas más altas que el Gobierno de coalición ha impuesto en España. Portugal, por poner un ejemplo, ha optado en los últimos años por la vía contraria, dando facilidades y ventajas tributarias a aquellos que decidan establecerse en el país luso. Este atractivo, que se ha limitado en los Presupuestos de este ejercicio, ha conseguido que Lisboa se erija en una de las plazas más interesantes para los grandes patrimonios y compañías, cortando de raíz el problema que supone la elusión fiscal.
El dilema de cambiar de residencia para pagar menos impuestos es estético y, sobre todo, ético. Con una parte de las aportaciones a Hacienda se financia la Sanidad, las infraestructuras, los servicios, se reducen desigualdades y se contribuye a mantener el estado del bienestar.
Ibai Llanos, el influencer con mayor presencia en estos momentos, que retransmitió las campanadas de fin de año desde su canal de Twitch consiguiendo más audiencia que Cuatro y que, como El Rubius, es un icono para muchos jóvenes, lo tiene claro: «Es normal que a la gente que gane mucha pasta le quiten mucho dinero. Yo vivo de puta madre. A mí me da igual que me quiten la mitad porque sigo viviendo de sobra. Pagar impuestos no es algo malo. Es un bien común para el país y un acto de responsabilidad». Una reflexión que deberían tener en cuenta algunas de las empresas del Ibex.