TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Un Consejo de Ministros nada ordinario

26/01/2021

Se celebra este martes un Consejo de Ministros ordinario en momentos verdaderamente extraordinarios. Lo de menos es que en esta reunión del Gabinete formalice su salida del mismo el titular de Sanidad, Salvador Illa, que ha esperado casi hasta el último momento para irse a Barcelona a pelear por la presidencia de la Generalitat en las próximas elecciones. Lo de Illa era suficientemente conocido y está archi debatido, con sus pros y sus contras. Pero lo que no es tan sabido es si, aprovechando el relevo, el presidente Sánchez reordenará sus fuerzas para acabar con el caos autonómico en todo lo referente al combate contra la pandemia y por el reparto de los fondos de reconstrucción europeos. Y si establecerá de una vez una coordinación mínima en el seno del Ejecutivo; con unos rebrotes de la enfermedad con virulencia incontrolada no están las cosas para bromas ni para maniobras políticas de baja estofa.

Illa se va dejando un recuerdo agridulce. No puedo, honradamente, afirmar que todo lo haya hecho mal, porque sin duda se ha esforzado, pero mucho menos se puede decir que lo haya hecho ni medianamente bien. Los combates políticos con las Comunidades del PP, señaladamente Madrid, han escandalizado a una ciudadanía que lo único que quería, y quiere, es que se solucione un tema sanitario. Que, por cierto, es el más grave que el mundo ha conocido en un siglo, que está paralizando las economías de todo el planeta y llenando a las gentes de angustias y temores desconocidos cuando, hace apenas un año -que es exactamente, tal día como hoy, cuando se empezó a hablar de Wuhan--, ni siquiera sabíamos que éramos felices, al menos en comparación con lo de ahora.

Puede que, de aquí a ese mes de julio en el que ya sabemos que no va a poder estar vacunada el 70 por ciento de la población europea contra lo que nos dijeron las iniciales previsiones oficiales, se hayan producido en España siete millones de nuevas infecciones, si seguimos a este ritmo de contagios, y otros cincuenta mil fallecimientos. Frente a esta previsión del horror, creo que no cabe discutir ya si el ministro saliente lo ha hecho mejor o peor, ni ponerse a indagar en las razones por las cuales ha alcanzado, dicen las encuestas, tanta popularidad como candidato en Cataluña: yo le deseo suerte en su misión, porque es el mal menor a la hora de confrontar al independentismo.

Pero deseo más aún que su sustituta -previsiblemente_tenga mayor acierto, más transparencia y veracidad, y mucho menos sectarismo, que su predecesor. Desconozco personalmente a la señora Darias, si es que efectivamente ella sucederá a Illa, pero quienes sí la han tratado hablan de una persona cercana, con sentido común y con ganas de trabajar. Si, además, destituye a esa calamidad que es Fernando Simón, para reemplazarlo por alguien con un poco más de credibilidad y un poco menos de protagonismo, ya me basta.

Lástima que nada haga esperar unos planteamientos algo más ambiciosos ante el Consejo de Ministros de este martes, en el que se debería replantear toda la estrategia del Ejecutivo para ponerlo en 'modo lucha total' contra el coronavirus, lo cual incluiría más que un par de relevos. Lástima que planteamientos electoralistas, egoístas y una indudable lucha por el poder en el elenco gubernamental esté despistando a nuestros representantes -hablo de toda una clase política, claro está, pero sobre todo de quien ejerce el poder más directamente_de cuáles son sus verdaderas responsabilidades inmediatas. Que van mucho más allá de hacer dimitir al JEMAD por haberse vacunado antes de tiempo.