COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Críticas acertadas

02/04/2020

Después de tanto tiempo de perseverancia en el error, el Gobierno debe pensar que ya no es el momento de cambiar de actitud, y que en algunos casos no hace sino lo que otros gobiernos de nuestro entorno, porque para todo hay ejemplos. Sin embargo siempre es mejor copiar las buenas actitudes y más cuando sirven para mejorar la calidad de la democracia y reforzar su acción política en momentos en los que se demandan sacrificios a toda la ciudadanía y a todos los partidos políticos.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez se habría ahorrado muchas críticas si hubiera mantenido una buena política de comunicación, si hubiera puesto en ella más calidad que cantidad, en su caso personal, y hubiera establecido un mecanismo de preguntas en las que los medios de comunicación no tuvieran cortapisas para realizar su labor. Se habría ahorrado el sonrojo de ser acusado de establecer una censura previa, que no ha implantado el líder de la oposición, Pablo Casado. Aún esta a tiempo de rectificar.

Con el estado de alarma prorrogado y con la perspectiva de que esta situación se prolongue a lo largo del mes de abril, o incluso mayo, es también necesario que las Cortes recuperen su actividad, que vuelvan a funcionar todos los mecanismos de control al Gobierno. En estos casos no solo se retrata el Ejecutivo y se pone en evidencia su actuación, sino también la de la oposición, lo que preocupa a sus dirigentes, a favor de quién van sus propuestas, a qué sectores perjudican con la crítica a las decisiones adoptadas por el Consejo de ministros, y si sus alternativas no tienen marchamo ideológico, como los ángeles no tienen sexo, o tratan de colarlo de la misma forma que acusan a Pedro Sánchez y sobre todo a su vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, que a su parecer quiere hacer de España, Venezuela. 

Por supuesto, Pedro Sánchez debiera tener una mayor empatía hacia los dirigentes de la oposición, y de los agentes económicos. Sobre los primeros porque juega con una gran ventaja: ante una epidemia como la del coronavirus con sus consecuencias devastadoras en todos los ámbitos, del sanitario al laboral, con una centralización del poder como nunca se ha vivido en democracia, la oposición se encuentra cautiva, y salvo críticas que pueden ser subsanables como las mencionadas, tiene pocas posibilidades de situarse al margen del camino que marque el Gobierno, porque se podrá discutir sobre la eficacia de las medidas adoptadas o sobre si son o no improvisadas, pero no sobre el hecho de que el confinamiento da sus frutos o sobre la necesidad de establecer un escudo social para proteger a los más débiles. De la misma forma es preciso contar con empresarios y presidentes autonómicos para que las iniciativas que se adopten generen menos rechazo, sin llegar a que sus contrapropuestas invaliden la acción del Gobierno, Fue Pablo Iglesias quien realizó un ejercicio de humildad en su última comparecencia pública y se comprometió a tener una mejor interlocución con los sectores afectados por las decisiones del Gobierno. Que así sea.

La oposición tiene razón en las crítica mencionadas, pero también se pasa de frenada cuando afirma que el Gobierno ha iniciado un proceso de nacionalizaciones encubiertas, o de expropiaciones de la propiedad privada.