DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Reenviados

08/05/2020

Son tiempos en los que vivimos aislados y, sin embargo, más comunicados que nunca. El desarrollo de las nuevas tecnologías ha fraguado comportamientos casi compulsivos en la transmisión de mensajes, en la mayoría de los casos a través del cómodo método de reenviar algo que otro ha creado, que alguien ha pensado. En la mayoría de los casos los mensajes replicados se adecúan al pensamiento de quien los recibe, porque el emisor conoce a esa persona como para creer que el contenido le agradará o por la pertenencia de ambos a un grupo que comparte aficiones y valores. Pero no siempre este tipo de comunicaciones, tan propicias para luchar contra el aburrimiento o simplemente como señuelos para decir aquí seguimos, resistimos, los grupos de comunicación son tan homogéneos. Pueden ser grupos creados inicialmente con el único propósito de compartir informaciones relacionadas con la organización del trabajo en la empresa a la que se pertenece, la puesta en común de la comida de Navidad, un evento social o familiar, o los aspectos más formales del club u organización a la que el colectivo pertenece por razones no necesariamente de amistad o afinidad ideológica.

El confinamiento, la disponibilidad de tiempo y hasta la necesidad psicológica de estrechar lazos en la adversidad, pueden haber convertido esa red de comunicación circunstancial o profesional en un medio de expresión de nuestro pensamiento más personal, más profundo. Comienzan entonces los problemas. Porque en realidad no nos conocíamos. No importa que tampoco seamos capaces de traducir a palabras o a imágenes nuestro pensamiento. Alguien se encargará de hacerlo por mí, de forma que yo solo necesitaré dar un clic en reenviar. Los grupos son por definición heterogéneos y seguro que a estas alturas todos conocemos algún caso de desmembración entre sus participantes. Y cuando esto no ha sido así, es porque los más prudentes prefieren abstenerse de opinar, otorgando de esta forma el triunfo a los más radicales, a los del pensamiento único. Instrumentos ignorantes de quienes piensan y argumentan por ellos.