UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Mujeres

08/03/2020

De un tiempo para acá el entorno del 8 de marzo se ha convertido en una ocasión de debate cada vez más intenso sobre los problemas que afectan a la mujer en el mundo actual. Hasta hace poco tiempo la celebración contenía una referencia un tanto parcial a esos problemas: el 8 de marzo era el “día de la mujer trabajadora”, y con alcance internacional se recordaba la tragedia de un grupo de mujeres que en 1911 sufrieron las consecuencias de su reivindicación laboral. Ahora ya es el Día de la Mujer, sin otro matiz. Lo que tal vez quiere significar que los problemas de hoy son mucho más que laborales, aunque no sean tan prioritariamente sexuales, o de opción de género, como a veces parece deducirse de ciertos mensajes, que creo un tanto exagerados.

Lo que se reclamaba hace un siglo era principalmente la emancipación, que es una variante de la libertad; para poder tener un desarrollo propio en el ámbito laboral y profesional; para no desempeñar un papel secundario exclusivamente vinculado a las labores domésticas o a la reproducción. Lo que se reclama hoy es principalmente igualdad, que es una variante de la justicia; no basta con tener la posibilidad de acceder a actividades que en otros tiempos estaban vedadas o limitadas; es cierto que en eso se ha avanzado notablemente, aunque queden graves déficits que superar; de lo que se trata ahora es de que las condiciones de acceso, la prestación exigida, las opciones de promoción, la retribución reconocida, etc., sean también igualitarias y no discriminatorias. De manera que sólo la capacidad, el mérito, la cualificación, etc., y no el género, determinen la evolución profesional de las personas, aplicando cuando sea necesario medidas transitorias de discriminación positiva que compensen el desequilibrio histórico acumulado en perjuicio de las mujeres, hasta tanto se alcancen niveles suficientes de equiparación, para lo que todavía queda mucho camino que recorrer.

Creo que este es el ámbito principal de reivindicación actualmente, al menos en nuestro entorno, pues es indudable que hay muchos lugares donde todavía el grado de sometimiento de la mujer es muy elevado. Por supuesto, dejo aparte la zona más oscura de la problemática, que es la lacra tremenda de la violencia de género; porque ahí el problema no es sólo, aunque también, de emancipación y de igualdad; es de derecho al respeto, a la integridad y a la vida. Y ese es otro asunto, que está por delante de todo lo demás, y sin ningún matiz.