COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Un viaje exitoso

En ocasiones resulta sorprendente ver como quienes realizan una defensa a ultranza de la Monarquía contribuyen a minimizar sus éxitos, a cuestionarlos, a dudar de cuál es su papel en las relaciones internacionales, o a tratar de imponerle encuentros políticos que caen fuera de sus obligaciones y que ningún jefe de Estado realiza. La visita de los reyes, Felipe VI y Doña Letizia a Cuba para celebrar el quincuagésimo aniversario de la fundación de La Habana ha sido un éxito diplomático que hay que atribuir a los propios reyes y al Gobierno que lo ha preparado desde hace más de un año, aunque ahora se encuentre en funciones.

La primera visita oficial de de unos reyes de España desde la independencia de Cuba era una asignatura pendiente aprobada ahora con nota.  En su discurso oficial ante el presidente cubano, Miguel Diaz-Canel, y la cúpula del régimen comunista, Felipe VI realizó una defensa ferviente del sistema democrático, habló de derechos humanos, de la necesidad de que el pueblo cubano decida su destino, del deseo de España de acompañar a Cuba en el proceso de reformas que ha emprendido, apoyó a los empresarios españoles que tiene inversiones en la isla,  y por supuesto se posicionó en contra del anacronismo del  bloqueo estadounidense  contra el régimen cubano, reforzado tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

Con la petición de Raúl Castro -sigue siendo el factótum del régimen- de una entrevista con el rey tras su discurso impecablemente democrático, y al subrayar un hecho a continuación del otro, hay quien parece dar a entender que se trataría de una llamada al orden en lugar de una reunión de cortesía. Como no hay ninguna referencia sobre lo hablado entre dos viejos conocidos, en un ejercicio de política ficción no debe haber ninguna duda de  que el rey repetiría en privado, incluso con más contundencia, de haber sido el caso, las mismas consideraciones que expresó en público, unas ideas que el gobierno cubano conocía de antemano como es habitual en las visitas oficiales.

El discurso realizado por el rey, desde luego, contaba con el visto bueno del Gobierno, “con contribuciones y descontribuciones para llegar a un texto notable”, dijo el ministro de Exteriores en funciones, por lo que Felipe VI estaba exponiendo la posición del Ejecutivo en torno a Cuba, con lo que no cabe ninguna duda sobre la apuesta de España por la democratización de la isla caribeña.  

Ahora bien, siempre que se habla de Cuba, del régimen comunista que rige sus destinos desde la revolución castrista, se exige un plus de ejemplaridad, de defensa de los valores democráticos en una dictadura que, por ejemplo, no se escuchan en el caso de China, el país comunista más poblado del mundo. Ninguna preocupación mostró el expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, por la falta de respeto a los derechos humanos en sus tres viajes a Pekín, y nada dijo el rey al respecto en la visita oficial del presidente chino, Li Jinping, a nuestro país hace ahora un año. Mucha historia común, muchos compromisos que afrontar y muchos lazos que fortalecer, pero nada de democracia.  Ah, pero es que China ha sido nuestro banquero en la crisis de la deuda, y las relaciones comerciales con ese país son más primordiales que afear a su presidente su escaso respeto por los derechos humanos.